Alexandra Kennedy-Troya

Museo de Cuenca

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28 de July de 2011 00:01

Surge una nueva polémica en torno al Museo Municipal liderada por la Cátedra Abierta de Historia de la Universidad de Cuenca. No es la primera vez ni será la última si las actuales autoridades no toman cartas en el asunto. El abandono de esta valiosa edificación, casa del escritor y político Remigio Crespo Toral en El Barranco, lleva años. Esta se cerró por una década durante la alcaldía de Fernando Cordero; en ella los estudiantes hacían prácticas inconsultas para formar artesanos de la Escuela Taller financiada por la cooperación española. Las extraordinarias colecciones de arte y arqueología se hacían pedazos, tal como lo anotan en su tesis (2002) para la citada universidad, Monserrath Tello y María Tommerbakk. Con muchas dificultades ellas levantaron el inventario digital de pintura y escultura de los siglos XVII al XX y fueron testigos de los accidentes que sufrían las obras al mantenerse al interior de un inmueble que se ‘restauraba’ sin plan alguno y sin propuestas museológica y museográfica.

Durante la alcaldía de Marcelo Cabrera, la educadora Lucía Mora y quien suscribe esta nota, presentamos un anteproyecto del Museo de la Ciudad que incluía no solo al Museo en mención, sino una ambiciosa puesta en escena en algunos inmuebles de la zona baja. Esta destacaba hitos sobresalientes de la historia de Cuenca y su región de influencia, incluida la diáspora cuencana actual en España, EE.UU. e Italia, un lugar de diversión y aprendizaje de primer orden. El ambicioso proyecto fue aplaudido por el Concejo Municipal. Desafortunadamente el entusiasmo inicial del Alcalde murió, el inicial equipo de trabajo voluntario se dispersó.

Se salvó tan solo la primera etapa de catalogación de la colección arqueológica de 18 000 piezas. Una ficha de 170 ítems por pieza resultó modelo. Se catalogaron las primeras 10 000 piezas bajo mi dirección, la conducción de la arqueóloga francesa Dominique Gomis y 14 historiadores y arqueólogos jóvenes preparados ad hoc. Un día antes de reinaugurar unas pocas salas restauradas, la reserva de piezas arqueológicas de gran valor, fue inundada. No se habían percatado los arquitectos responsables que las tomas de agua sin conexión terminaban en la misma (¡). Nuestro equipo trabajó sin descanso para salvarlas. Terminada esta etapa, entre el 2007 y 2008, la dirección del Museo no gestionó su renovación y se desarmó el equipo y el laboratorio. Por ello, es indispensable reactivar el proceso nombrando una dirección y un directorio profesionales no vinculado a las redes sociales y familiares del poder, cosa común en la ciudad en el manejo de las área culturales. Solo así podremos contar con el ansiado museo de una ciudad patrimonio de la humanidad.