Monseñor Julio Parrilla

El muro de Trump

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 4
Triste 6
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 17

Las fotografías no dejan lugar a dudas: Trump es querido por un gran número de norteamericanos que se sienten entusiasmados con el nuevo habitante de la Casa Blanca. Y ese es el problema, que más de la mitad de ciudadanos de Estados Unidos lo hayan votado.

Trump es la punta del iceberg de una sociedad que aspira a ser y a sentirse fuerte, segura y poderosa. Caiga quien caiga.
El Presidente ya ha firmado su decisión de construir el muro. ¿No habrá una solución más inteligente, integradora y humana?

El mundo ha estado cruzado por infinitos muros que nunca han podido encerrar las ansias de libertad, de promoción y de sobrevivencia de personas y pueblos. Y, para más, está la pretensión de que sean los pobres, los mexicanos, quienes lo paguen.

¿Por qué será que las potencias tienden a hacer gala de prepotencia? Algún día, como cuando cayó el muro de Berlín, la humanidad sentirá vergüenza de sí misma y se preguntará cómo fue posible semejante monumento a la estupidez humana.


Como los males no vienen solos, al tema del muro le acompañará la deportación de millones de inmigrantes, que tienen todo el derecho de aspirar a una vida digna. Así se forjó el sueño americano y, un día, el sueño se convirtió en nación. No deja de ser chocante que quienes hoy rechazan a los migrantes sean hijos y nietos de migrantes. Así es la vida.


A la luz del equipo que ha nombrado y de las medidas que ha tomado, ¿qué le espera a Latinoamérica? Me temo que el patio trasero se llenará de desechos y se convertirá en el basurero del Tío Sam. Y ello, a pesar de que la mayoría de los países latinoamericanos tiene a Estados Unidos como su principal socio comercial.


Ya desde el principio, me conmovieron las palabras del Papa Francisco: No es cristiano quien levanta muros en vez de tender puentes. Ahora, a raíz de la elección, el Papa le recordó a Trump la necesidad de cuidar de los pobres. ¿Qué sentido tiene ser el país líder del mundo y, al mismo tiempo, despreciar a los pobres del mundo?


Trump cierra puertas y ventanas, desprecia lo diferente y cae en la tentación de un proteccionismo excluyente. Posiblemente, de esta manera, acabe tirando piedras contra su propio tejado, no solo en el ámbito económico, sino también en el de la integración y de la amistad.

Resulta imposible sentir la más mínima simpatía hacia quien tanto te maltrata.
Es lógico que cada uno defienda sus intereses, pero semejante lógica no puede desarrollarse al margen del bien común y de la dignidad de las personas. Todo el esfuerzo de integración desarrollado en los últimos años queda desmontado sin contemplaciones por un populista que, como Narciso, solo es capaz de reflejar su propia imagen.

El muro marca la línea que separa al verdugo de la víctima. Hoy sentimos pesar, pues el mapa de México se agranda hasta el sur de Chile. Mañana, cuando el muro se caiga a pedazos, sentiremos vergüenza.