Sebastián Mantilla

Un mundo al revés

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Esa parecería ser la imagen que podríamos tener del Ecuador. Pero más que del país, de su gobierno como tal. Y es que el nivel de irracionalidad y desquiciamiento político del régimen del presidente Rafael Correa parecería no tener límites. Este aumenta a medida que pierden el control y se crece el nivel de descontento y protesta social.

Eso les lleva a forzar sus argumentos. A desacreditar. A desconocer. A minimizar. A dividir. A atacar. A hacernos creer que lo que vemos no es real. El mundo es al revés.

Por eso deberíamos pensar que la marcha indígena y el paro convocado por el FUT para este 13 de agosto es una mera manipulación. Que es una iniciativa orquestada por la derecha y la extrema izquierda para derrocar al Presidente. Un ‘golpe blando’.

Como ha dicho el ministro Carlos Marx Carrasco, los indígenas, trabajadores y amplios sectores de la sociedad no tienen razones y motivos para protestar: es inconstitucional. Eso pese a que las resoluciones de las Naciones Unidas y nuestra propia Constitución reconocen el derecho que tenemos todos a manifestarnos de manera pacífica.

Pero esto no se queda allí. Deberíamos incluso contentarnos con todos los avances que ha promovido el gobierno de la revolución ciudadana en términos de carreteras, escuelas y hospitales. O sea, repetirnos interiormente hasta el cansancio de que eso es verdad, tal y como nos sugiere la propaganda oficial. Prohibido cuestionar. Peor aún pensar que no ha habido sobreprecios o corrupción. Que si no ha habido fiscalización es porque todo está bien. Sí. El control del Ejecutivo sobre las principales funciones del Estado es puro cuento (Asamblea, Fiscalía, cortes, etc.).

Por ello, deberíamos pensar que la reelección indefinida es buena para el país. Que deberíamos darnos cuenta de que la única forma para que el proceso “revolucionario” continúe es permitir que el presidente pueda ser reelecto. Esto es importante ya que si esto no se da, probablemente la corte que le acompaña (ministros, asambleístas, funcionarios, empresarios, choferes, autoridades locales, etc.) no van a poder gozar de los privilegios que han tenido hasta ahora.

También hay que creer que no estamos ni estaremos en ninguna crisis. Que todo esto es producto de factores externos o comentarios infundados de la oposición y de la prensa corrupta. No hay déficit o desfinanciamiento en el sector público.

Tampoco especulen y consideren que nos estamos endeudando mucho o, peor aún, que el modelo económico es un fracaso. No vayan a conjeturar que la eliminación del 40% del subsidio del Estado al IESS es por esto. Tampoco que las leyes de la herencia y de la plusvalía tienen fines recaudatorios. Solo hay un poco de burocracia y relativamente alto gasto público.

El derroche en Yachay es puro cuento. Eso es mentira. Los frutos se verán a futuro. Por ello no hay que cuestionar o protestar. Esa es la verdad. La realidad de un país vista al revés.

smantilla@elcomercio.org