11 de June de 2010 00:00

El mundo, una pelota

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Gonzalo Ruiz Álvarez

Hoy se inicia un mes de para. Un mes de abstinencia y tregua, un mes que habría que deshojar del calendario sin otra historia que aquella que congrega a millones en torno al deporte-rey.

Sí, porque pese a quien le pese, el balompié es el espectáculo que más mueve la pasión y el corazón y llena de alegría y el Mundial de modo particular prende una magia colectiva, incluso en quienes no siguen las incidencias de los torneos locales ni de las copas más sonadas del fútbol rentado.

Una vez cada cuatro años este deporte ha logrado vencer una tradición deportiva antigua como las mismas olimpiadas y la sintonía de los partidos en la radio y televisión, las tertulias previas y los análisis promovidos tras los cotejos copan las audiencias e interés.

Es el fútbol y su campeonato estrella un revulsivo del mercadeo masivo. Basta mirar las pantallas de la ‘tele’ desde hace un mes y parecería que quien no tiene un plasma es una especie de paria desubicado, quien no se entera de las alineaciones y de los grupos no está en nada.

Ahora que está de moda seguramente se instalará un ‘limbo’, oscuro y frío, en el cual pueden esperar todos aquellos que no gustan del fútbol y aún se indignan por la paralización que su embeleco despierta. Claro que los hacinados en el limbo tendrían que hacerse un espacio entre las toneladas de papeles de las leyes arrumadas y que no tuvieron tratamiento en la Asamblea, los miles de papeles de denuncias que debían investigarse y quedaron para el olvido y los expedientes de los juicios políticos . Allí en el limbo estarán los archivos de las promociones de viajes y carpetas de ofertas que debían centrar su gancho publicitario en acompañar a la Tricolor.

La verdad es que el tropezón de las eliminatorias nos dejó a muchos con la esperanza marchita y a los jugosos negocios que se tejían a la sombra del equipo nacional, sin concreción.

Los cambios de técnico, los desastrosos primeros partidos y la falta de gol condenaron al equipo a quedarse en las puertas del horno y a los ecuatorianos a despertar a la realidad: el que nos hayamos clasificado a dos mundiales seguidos no nos garantizaba el pasaporte de por vida a las instancias mundialistas. Ahora como antes -y en la conciencia de que no es un sueño imposible- habrá que volver a empezar.

Mientras tanto nos sumamos a la fiesta planetaria. Estaremos, seguramente, por los equipos sudamericanos -uno de ellos nos arrebató el pase a la ronda final- miraremos en Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay, legítimos depositarios de nuestra embajada futbolera. Brasil cuenta con muchos ‘torcedores’ ecuatorianos y nos quedará saber si España, la favorita, y los históricos equipos de Italia, Alemania o las selecciones de Francia y Holanda se encaraman a instancias finales y, por qué no, un combinado del continente anfitrión puede ser la sorpresa.

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