Alfredo Negrete

Los mundiales y la política

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11 de junio de 2014 23:22

La política está vinculada con casi todas la actividades del ser humano. El deporte desde hace tiempos no ha sido una excepción de esta presencia; por ende, tampoco el fútbol ha sido inmune, máxime que es la actividad deportiva más popular del planeta.

En los campeonatos mundiales que se juegan de 1930 han existido algunas intromisiones que no pueden ser soslayadas. Basta revisar la enorme lista de los jefes de Estado y de gobierno que esta tarde estarán en el palco del Arena de Sao Paulo para exhibirse en una vitrina donde sus pueblos puedan imaginarse que también son estrellas universales del deporte.

La historia empieza con el primer mundial en la República Oriental del Uruguay. Probablemente el peso de los triunfos olímpicos de los celestes en 1924 y 1928, y el clima prebélico a la segunda guerra fueron suficientes motivos. 
Luego la intervención política fue increíble en el mundial de 1934 celebrado en Italia. En algunos partidos la selección italiana fue obligada a usar la camiseta negra del partido fascista, saludando con la mano en alto que luego popularizó Hitler.

Finalmente, Italia fue el segundo campeón mundial, luego de que los árbitros ignoraron las barbaridades que les hicieron a españoles y checoeslovacos.
El tercer mundial jugado en Francia no tuvo directa participación del Duce. Italia era uno de los mejores, pero otra vez la política fue protagonista por parte de Alemania.

El Führer, aprovechando la anexión de Austria, obligó que los jugadores de esa zona convertida en provincia, se incorporen a la selección germana.

En la final de 1954 entre Alemania Occidental y Hungría, en plena Guerra Fría, hubo un suceso extraño. Los magiares eran el mejor equipo del planeta y solo les faltaba ganar la final. En ella los teutones, seis minutos antes del final alcanzaron el tanto de la victoria. El problema es que minutos después el árbitro inglés anuló un gol de Ferenc Puskas, el Maradona de la época.

No hay evidencias en los torneos siguientes hasta el mundial de Argentina en 1978 en medio del terror desatado por la dictadura de Videla, Masera, Viola y los otros. Se sabía que algo malo pasaba en ese país, pero fue el mundial la oportunidad de comprobar que unas mujeres con pañuelos blancos en sus cabezas desfilaban por la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada reclamando por sus hijos, y nietos.

La televisión holandesa tiene el mérito de este registro. Como apéndice quedó la duda del triunfo de Argentina sobre Perú por seis a cero; incluso, se rumoró que Videla visitó el camerino peruano antes del partido.

En la historia deportiva existen nubarrones cuando la política se introduce en los camerinos. En la mayoría de los mundiales no sucedió. En otros fue diferente.
 No se puede olvidar a la escuadra italiana con la camisa negra ; tampoco, a miles de ciegos y sordos en el monumental de River Plate cantando :” el que no salta es holandes “.