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Han dedicado un día para rendirle homenaje; pero deberían dedicar todo el año y todos los años de su vida, porque a lo largo del tiempo dedica su asistencia, su labor, su cariño a cuantos forman su círculo familiar, comenzando por su esposo o compañero y radicándose con profundidad en los hijos; y, más tarde, en los nietos y bisnietos.

¿Por qué un homenaje tan amplio? En reciprocidad de los bienes espirituales con que beneficia a sus allegados, en ocasiones impartiendo inspiración y fortaleza en situaciones adversas, como cuando infortunadamente ingresa en el estado de viudez y debe impulsar y sacar adelante a sus hijos quienes, en muchos casos, aún están cursando estudios.


La descripción que hace la Biblia respecto a una buena mujer es justa, pero en los tiempos modernos hay otros ángulos, como por ejemplo para aquellas santas mujeres madres de seis, ocho y hasta diez hijos, por quienes debe velar e impulsarlos para su formación moral correcta y material exitosa.


En la mayor etapa de desconcierto, cuando la luz de la esperanza parece extinguirse, el hombre agobiado por problemas y dificultades tiende a quebrantarse, pero ella está firme para darle ánimo, fortaleza, avivar su espíritu de lucha y hasta para romper el ambiente trágico con una sonrisa.


En la vida machista en que hemos vivido y en que todavía continuamos aunque con menor violencia, el hombre tiene tendencia a propinarle maltrato, exigirle horarios agotadores de trabajo, mientras él –en muchos casos- permanece en descanso y comodidad. 


Si recibe una cantidad mensual para atender el hogar, la administra de tal manera que ofrece a su familia las tres comidas diarias; si la cantidad es mejor, la alimentación también lo es. Pero además de la alimentación, invierte ese dinero para los demás menesteres… y hasta se da modos para ahorrar.


Nuestras mujeres de la clase económicamente cercana a la media; y con más rigor, las que viven en estado de pobreza, siempre están privadas de ciertos placeres comunes para el resto. Para ellas no hay viajes de vacaciones; no hay hospitales pagados y deben afrontar sus dolencias y las de sus hijos muchas veces en silencio, acudiendo de una casa de salud a otra donde ofrecen atención gratuita.


Esta anécdota la retrata bien: un niño que estaba por nacer se dirigió a Dios y le pidió que impida porque no quería venir a este mundo; Dios le dio confianza y fe, con éstas palabras: no te preocupes, te voy a mandar donde un ángel que te cuidará. ¿Quién es ese ángel? preguntó el niño. Ese ángel, es tu madre, le respondió el Señor.


Una mujer cuando se convierte en madre, es un ser distinto, dispuesta para todo sacrificio, a toda renunciación, por eso hay que protegerla, respetarla y amarla.Toda violencia contra la mujer debe sancionarse de manera drástica y sin contemplaciones.