Abelardo Pachano

Se mueve duro

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8 de June de 2012 00:03

Mayo fue un mes de mucha incertidumbre y gran turbulencia en los mercados financieros internacionales. El temido contagio de la crisis a los mercados emergentes empezó a visualizarse con las perspectivas poco halagüeñas de China e India. El país también recibió noticias de los impactos que esto podía traer algún día. El precio del petróleo declinó casi un 20% y todavía no se tiene claro cuál será su nivel final, aunque algunos opinan que el actual podría ser el piso de este mercado.

En Europa, cada día tiene una vivencia particular. La deuda, el déficit fiscal, los bancos, el desempleo, la recesión, la fuga de divisas se turnan en sus apariciones y ponen interrogantes sobre la calidad de las medidas y el tiempo para la recuperación. El Eurostoxx cayó 8% y el Euro 6,5%.

También se turnan los países. Grecia persevera en el candelero y su destino final, mantenimiento dentro de la Zona del Euro o el incalculable tamaño de los daños sociales si decide salir, depende del resultado de las elecciones de mediados de mes. Y eso trae cola, pues los canales de contaminación a otros países de ese continente están muy sensibles.

EE.UU. mejora poco a poco, pero no hay signos de una recuperación de la confianza sobre las oportunidades futuras. Las empresas acumulan liquidez, no invierten y los mercados de capitales, las bolsas, sufren por ello. El Dow cayó 7%. Eso también se vio en los mercados emergentes. Tanto los tipos de cambio como las inversiones en acciones sufrieron menoscabos, se produjeron desinversiones y salida de capitales.

Ahora se aprecia el trabajo de los tres medios de transmisión de la crisis: el de expectativas que altera la confianza de empresarios y consumidores; el de comercio exterior con sus impactos en los precios de las materias primas, los productos básicos, la energía, los tipos de cambio y los flujos reales de comercio; y el de financiamiento o crédito vinculado con la liquidez internacional disponible y la contracción del crédito interno.

Hasta ahora, a pesar de los enormes esfuerzos desplegados no se consigue reenchufar a los sectores financieros con las actividades productivas. Por un lado ellas temen realizar nuevos proyectos y por otro los bancos están sometidos a la valoración de sus portafolios, al aumento de sus patrimonios y ello conlleva redimensionar sus tamaños. Bajo esas circunstancias, el ajuste fiscal, necesario y entendible por la dimensión de las deudas públicas y el costo de su mantenimiento, multiplica la complejidad de la solución y deja un mensaje que modifica las expectativas.

La fortaleza de América Latina ya demuestra fisuras y los efectos de la crisis empiezan a cobrar factura. Ojalá no pase a mayores y los impactos sean manejables con un bajo costo social.