Carlos Rojas

Ya van dos años de movilizaciones

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A simple vista podría advertirse una actitud contradictoria en el Gobierno cuando, por un lado, el Presidente de la República vaticina el fracaso del paro horas antes de que este se iniciara, al tiempo que hace gala de un inusual despliegue de fuerza pública en las carreteras y plazas. Como si tanto policía no fuera suficiente, a uno de los cortes de ruta llegó en helicóptero un Ministro exaltado para disuadir -sin éxito y a riesgo de su integridad- a los manifestantes.

¿Fracaso o preocupación? Si al final de esta jornada el número de personas movilizadas es menor al de otras marchas, sobre todo a las que el Régimen organiza, se posicionará la idea de la derrota. Pero lejos de relajarse, el oficialismo se mantendrá en alerta naranja, pues la lectura política correcta no debe circunscribirse a lo que haya pasado ayer.

Desde hace dos años, el correísmo ha visto crecer la movilización social al punto de volverse una constante. Todo comenzó el 15 de agosto del 2013 cuando el Presidente, ni bien iniciado su tercer mandato, anunció el fin de la iniciativa Yasuní-ITT. Desde que la revolución ciudadana abandonó este proyecto simbólico y emblemático, la calle se calentó sin que el Gobierno lograra enfriarla.

Más bien, bloqueó la posibilidad de que la cuestión del Yasuní se zanjara en las urnas, como lo prevé la Constitución. La frustración que aquello despertó explica, en buena medida, el triunfo de las oposiciones en los comicios seccionales del 2014. Luego vino la nutrida marcha del 1 de mayo de ese año donde los sindicatos mostraron su vitalidad, así como las fuertes protestas de septiembre y también las de inicios del 2015 en contra de las salvaguardias y las reformas al IESS.

En junio, el rechazo ciudadano a ley de las herencias significó un sacudón importante y el Gobierno se vio obligado a establecer una agenda de diálogo. Por eso, no es adecuado minimizar el desempeño de esta marcha sin mirar todo el proceso desde agosto del 2013.

Además, diferentes actores advierten que la batalla más importante se librará a fin de año cuando la Asamblea trate las enmiendas.