Monseñor Julio Parrilla

Mons. Antonio Arregui

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27 de November de 2011 00:01

Mons. Antonio Arregui, como los viejos gudaris (soldados vascos) mantiene su lucha a favor de la vida, ese don precioso que tenemos que conservar como un tesoro con la ayuda de Dios, la sapiencia de los médicos y nuestro propio propósito de querer vivir.

Mons. Arregui campea por nuestra tierra ecuatoriana desde hace muchos años y es, religiosa y socialmente, un referente ético para muchas personas. A la luz de su vida (y especialmente en este momento de quiebra en que la experiencia humana se condensa) cobran fuerza algunos de sus valores, sostenidos contra viento y marea por la calidad de su fe y la terca voluntad del vasco, siempre fiel a lo fundamental por encima de lo accesorio.

¿Qué ha defendido Mons. Arregui a lo largo de estos años con especial ahínco? Más allá de los intereses del poder de turno, siempre voluble y provisional, o del propio poder aplanador de la cultura dominante, ha afirmado el valor de la fe, la dignidad de la persona humana, la prioridad de la vida sobre la codicia, la importancia del bien común, el principio de libertad religiosa y la relatividad de cualquier proyecto humano. Lo ha hecho siempre de forma razonable y leal. Y ha ejercido, unido siempre a los obispos del Ecuador, el derecho y el deber de opinar, confesar y resistir. ¡Un crítico de este calibre merece nuestro respeto! De hecho, los excesos del poder a la hora de la réplica (¿recuerdan la campaña televisiva en su contra?) evidencian que, tras la ira, viene la vergüenza... Las advertencias sobre el estatismo que se nos venía encima quedan pálidas ante la realidad que nos toca vivir.

Lo dicho sobre Monseñor cabe respecto del conjunto de los obispos ecuatorianos. Seguramente, sobre muchos temas pensamos de forma diferente, pero pensamos, que no es poco en estos tiempos. Y, cuando hablamos, lo hacemos desde el evangelio, desde el consenso y la lealtad, buscando el bien de nuestro pueblo, conscientes de que nada ni nadie puede privarnos de ejercer la libertad profética de los hijos de Dios. Es esto algo que nace de nuestra condición humana, de nuestra fe y de nuestro ministerio.

Hace muchos siglos Tertuliano (pensador y apologeta) acuñó la expresión ‘libertas religionis’ (libertad de religión), algo que hoy pertenece al acerbo de los derechos humanos, y subrayó que a Dios se le debe adorar libremente y que en la naturaleza de la religión está el no admitir ninguna imposición que degrade la dignidad humana. En esa lucha estamos y estaremos, siempre dispuestos a colaborar con cualquiera que respete la libertad y reme a favor de la justicia.

Le deseo lo mejor a monseñor Arregui en esta hora fundamental en la que tantas cosas se aclaran y resitúan... Yo sé que Jesucristo es su fuerza y su consuelo y que el querido hermano está en sus manos. Y sé también que, aunque tenga el corazón roto es un hombre de corazón entero. Acompañémosle con nuestro cariño y con nuestra oración.