Jorge Ribadeneira

Mitad del Mundo

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6 de May de 2012 00:01

El nuevo aeropuerto de Quito funcionará–inevitable y oportunamente- antes de que termine el año de gracia del 2012 o, si se quiere, antes de las elecciones del 2013. Cuando faltan ocho años para que se cumpla el primer centenario de la llegada del avión a la capital ecuatoriana, uno de cuyos simpáticos apodos es “la capital de las nubes”. Los anteriores puertos aéreos quedarán en el museo de la historia, con sus respectivos nombres. Primero, el campo de aviación de La Carolina y luego el aeropuerto Mariscal Sucre, este último en plan de jubilarse a los 52 años de edad. ¿Cómo se va a llamar el nuevo escenario de la aviación? Esa es una pregunta que está flotando en el ambiente. El alcalde Barrera puso el tema sobre el tapete y es una de las muchas preguntas alrededor de ese tema.

Por cierto, la presencia del monoplano Telégrafo I fue un gran suceso, que consta con entusiasmo en la historia y la anécdota de la ciudad. El solitario piloto que luego se casó y se quedó a vivir en Quito fue el italiano Elia Liut, cuyo nombre no ha sido olvidado. Fue un buen ciudadano que participó en los avatares de la aviación italiana durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Cuando volvió la paz le dieron un premio. Nada menos que el avión que piloteaba cuando se hizo la paz. Se dedicó inicialmente a los vuelos de exhibición en su país hasta que se le presentó la gran oportunidad de su vida. Un empresario ecuatoriano, Abel Romeo, dueño del diario El Telégrafo, le planteó un interesante negocio. Le compró el avión, casi con piloto y todo. Llegó, pues, a Guayaquil y no tardó en captar que en este país sucedía algo insólito. El avión no aterrizaba aún en la capital política, una ciudad rodeada de montañas, construida en el páramo, a la que todo llegó tarde, incluido el fútbol (1908),

El Telégrafo I, con Liut al mando, aterrizó en un potrero de la hacienda La Carolina, en el norte de la ciudad, con “todo Quito” como testigo. Uno de los dueños del lar, Pedro Saá Jaramillo, protestó airada e inútilmente por los daños causados en sus terrenos por una multitud que quiso ver desde muy cerca el histórico aterrizaje. Ese fue el primer “campo de aviación”. Otro escenario, muy importante, el Mariscal Sucre, está recibiendo a los últimos aviones y el próximo aeropuerto espera su hora de inauguración en Tababela, en el valle Cumbayá-Tumbaco. ¿Con qué nombre? Nos gusta Mitad del Mundo, pero respetamos todos los conceptos. Es un bonito nombre, una identificación geográfica, una idea original. Pero los chullas quiteños –que a veces reaparecen en medio de la muchedumbre capitalina modelo 2012– están preparando otras sugerencias. Una de ellas que –por lo menos en el primer año– se llame el gran aeropuerto “Llega Si Puedes”, un nombrecito bastante mejor que Barajas, Ezeiza, El Alto o El Dorado. Ah, y el Jefe pide que la inauguración sea antes de las elecciones y que, por favor, no se olviden.