Diego Pérez

Misisipi, 1903

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19 de June de 2011 00:01

Una coincidencia de la nocturnidad. Una madrugada cerca de las plantaciones de algodón. El blues, tal como usted y yo lo conocemos, podría haber nacido por casualidad durante un inesperado encuentro de hace más de un siglo. Y digo como usted y yo lo conocemos porque el blues, como música de músicas, como música profana, hunde sus profundas raíces en el África ancestral, en el África de los cantantes y poetas añosos.

De todos modos, la historia del insospechado encuentro es la siguiente: había una vez un muy conocido músico del sur de los Estados Unidos, llamado W.C. Handy. Por mala suerte (para él) su tren llevaba como nueve horas de retraso y, me imagino, Handy pronto empezó a aburrirse. Se quedó dormido en la incómoda banca de madera. Cuando despertó la escena era: a su lado había un negro -renegro- cuyos únicos activos eran una guitarra abollada y un cuchillo (evidentemente el señor no tenía obligación de hacer declaración patrimonial). De la vieja guitarra salían unos sonidos hipnóticos y fascinantes, a un tiempo chirridos y quejas. Handy, un músico de cierto refinamiento, años después recordó que los ruidos que su nuevo compañero de banca sacaba de las cuerdas, pasándoles el cuchillo de modo furioso y de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, parecían imitar la angustia de un lamento humano. Su nuevo amigo cantaba, duplicaba siempre el mismo verso y la guitarra parecía contestar sus sollozos. Alan Lomax, uno de los más respetados conservadores y anticuarios del blues, aporta sobre la reveladora madrugada de W.C. Handy que “a pesar de estar algo nervioso en la estación del ferrocarril a las tres de mañana, empezó a sentir la felicidad del compositor, una nueva era acababa de comenzar y Handy la anotó en su cuaderno: la era del blues del tren”. Seguramente con la cabeza todavía en esa fantástica noche Handy compuso, en 1908, una canción para la campaña electoral de uno de los candidatos a la alcaldía de Memphis. Pocos años después la lanzó al mercado con el nombre de “Memphis Blues”: la primera de posiblemente miles de canciones con la palabra “blues” (tristeza) en el título. Muchos consideran a Handy una especie de padre del blues.

Noches más y noches menos, el nuevo amigo harapiento de W.C. Handy quizá era heredero de los antiguos “griots”, los cantantes habituales de las también cálidas tierras del África occidental. O quizá sucesor de los primeros esclavos negros que llegaron a las costas atlánticas en 1619. Así, la experiencia de Handy con su nuevo colega fue, sobre todo, la construcción de una ventana a un mundo musical centenario que todavía está vigente. Colorín, colorado.