Oswaldo Jarrín R.

La misión de observadores

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La creación de una arquitectura financiera regional y el reemplazo en el mediano plazo de la OEA fueron las delirantes propuestas planteadas en la IV Cumbre de la Celac. El tiempo que motivaron su atención fue menor del que se necesitó para leerlas.

Decir que la nueva arquitectura financiera evitaría que las reservas financieras de la región transfieran la riqueza al Primer Mundo solo sirvió para justificar los descalabros y la corrupción de las economías de países deudores. Estos, al final, tienen que cumplir con sus obligaciones para mantenerse en el sistema.

Igualmente, decir que la OEA por anacrónica y no funcionar adecuadamente ofrecen una oportunidad para realizar un nuevo orden global reemplazándola con la Celac. Esa fue la ilusión de poder derivado del petróleo de final de la época, que solo pretendía infructuosamente llenar el vacío del liderazgo regional.
No obstante, al margen de este ‘impasse’, lo positivo de la cumbre fue la decisión de apoyar al proceso de paz en Colombia, pero no para vincularse al proceso de negociación como parte de la misión de la ONU.

La misión política debe ser replanteada porque se trata de una que no se enmarca en la prevención o mantenimiento de la paz de los Cascos Azules, sino para una labor desarmada de observación y verificación que emitiría criterio sobre el cumplimiento de lo establecido entre las partes, es decir entre la guerrilla y el Estado colombiano, comenzando por el cese del fuego y de las hostilidades en forma definitiva.

La misión debe tener credibilidad, imparcialidad, confianza, respeto, sin identificación política ideológica contraria a los organismos regionales existentes, que por concepto forman parte del funcionamiento de la ONU.

Un buen ejemplo de este tipo de gestiones representa la inédita Misión de Observadores Militares Ecuador Perú, Momep, de la decurrente celebración de la victoria del Cenepa.
¿Cómo se podría poner fin al conflicto en Colombia? Con una misión tripartita entre delegados de Colombia, las FARC y la ONU, que al mismo tiempo que lideren el trabajo en las probables zonas de seguridad, propongan nuevas propuestas o reclamos propios de este proceso.

La ONU debe compartir responsabilidad de monitoreo y verificación con la Unasur, creada con base en los logros de Contadora y del Grupo de Río, con la misión de arreglar los problemas de los países de la región y con una estructura como el Consejo de Defensa, que por fin tendría oportunidad de cumplir una misión para la cual fue creada.

El Consejo de Seguridad de la ONU debe basarse en los acuerdos sellados y definitivos a los que lleguen Colombia y las FARC para establecer el concepto de operación, supervisión del cese del fuego y de las hostilidades, concentración en las zonas de seguridad, desarme y desmovilización de grupos armados.