Enfoque internacional

Mis condolencias

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Nicolás José Isola
La Nación, Argentina, GDA

Esto no es un artículo de un diario. Es una necesidad personal.
Luego de la cadena nacional, Waldo Wolff, vicepresidente de la DAIA que fue quien recibió aquella última foto con los papeles en la mesa de Nisman, escribió en Twitter: “Desde la delegación de Asociaciones Israelitas (cuando se creó no existía Israel, 1935) argentinas, nuestras condolencias a la familia Nisman”.

Era importante hacerlo. Durante 40 minutos habíamos escuchado a la máxima autoridad elegida por el pueblo dar una serie de referencias y desarrollar conceptos sobre la causa AMIA y sus avatares en las últimas dos semanas. Nada para decir sobre ello. Otros hablarán de esos asuntos complejos para la República.

Lo sorprendente fue que en esas palabras no hubo un gesto de acercamiento hacia la exesposa del difunto y las hijas. Un acto, si se quiere protocolar, pero sobre todo humano, profundamente humano: me duele tu dolor.

La exmujer de Nisman, la madre y sus dos hijas todavía no han tenido la posibilidad de tener el cuerpo de ese ser querido, que ya ha pasado por tantas manos para su peritaje. Los cuerpos de nuestros seres queridos son sagrados. El amor les da ese carácter.

Una y otra vez, es necesario que en la Argentina volvamos a significar la importancia de la representación. Al hablar, un Presidente también nos pronuncia a los ciudadanos. Es decir, no sólo habla a nosotros, habla de nosotros y, en ocasiones, por nosotros. Ese monumental honor le fue otorgado por los votantes.

Parecía algo significativo dedicar dos minutos a un mensaje dirigido a la familia del fiscal, con frases simples como expresiones trilladas, tal vez, pero vitales, también.

Vaya que le pesa la muerte del Fiscal a la Nación, y no hubo un pésame. Paradojal.

Sus hijas merecían un gesto. La democracia lo pedía. Muchos quedamos perplejos cuando veíamos que esos dos minutos, que de rigor deberían haber sido los iniciales, no llegaban nunca.

Particularmente, no podía no pensar en esa chiquitita de solo 7 años, quizás mirando por la televisión a su Presidenta, alguien importante... y que podría llegar a hablar de su papá. Pero no le dijo nada a ellas. Algunos dicen que en la primera carta por Facebook se pronunció sobre el asunto. No hay como la comunicación gestual para expresar sentimientos y creo que este era el caso.

Sus hijas merecían un gesto. La democracia lo pedía.

Por eso, necesito expresar mis condolencias. Mi abrazo sostenido a esas personas, sin duda entristecidas. No sirve de mucho, lo sé, pero tampoco me sirve callarlo. Es una cuestión humana. Me excede.

El dolor de un padre muerto en esas circunstancias va a ser una marca indeleble para ustedes. Sepan que ese padre muerto, también es un dolor enquistado en la vida de este país, así lo sentimos millones de argentinos que queremos que estas cosas nopasen nunca más en nuestro suelo.

De corazón, mis condolencias más sinceras y mi deseo de justicia, que es fruto de la verdad.