Walter Spurrier

Ministro del banano

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24 de April de 2012 00:01

El cargo es mucho más. Pero su predecesor renunció por un conflicto entre exportadores y productores. Por lo que el flamante Ministro de Agricultura se estrena como Ministro del Banano.

¿Javier Ponce, ministro del Banano? Poeta; combativo columnista del diario Hoy. Llegué a conocerlo y apreciarlo cuando era la presencia del diario El Universo en Quito. Poeta y periodista, no agricultor, peor bananero.

Pero tampoco fue militar, y más bien, su perfil era pacificista. Sin embargo sale airoso del Ministerio de Defensa. El 30 de septiembre desactivó con tino un conato de desobediencia de miembros de la FAE.

El presidente Correa conforma su Gabinete al estilo europeo. Un Ministro vale por su criterio: asimila la información que le suministran los expertos y toma la decisión óptima. Los ministros son como administradores de empresas, que pasan sin problemas de Exxon a Nissan y después a Nestlé. Son expertos en ser ministros.

Quizá eso es lo que se necesita. Alguien que sin mayor conocimiento previo ni compromisos adquiridos pueda dar una visión fresca al problema bananero.

El banano, el 30% de las exportaciones no petroleras, está en peligro de sufrir la suerte del cacao en los treinta.

El negocio mundial bananero lo dominan las plantaciones de las multinacionales frutícolas en Centroamérica: muy eficientes pero con altos costos laborales y vulnerables a los huracanes.

A mediados del siglo XX el Ecuador irrumpe en el negocio, aprovechando que aquí no hay huracanes y que podíamos suplir la fruta cuando escaseaba en Centroamérica.

Teníamos en contra la menor productividad y la mayor distancia de los mercados. Pero la producción bananera, repartida entre muchos productores nacionales, era informal: se pagaban buenos jornales y precios por la fruta cuando los precios internacionales eran buenos, malos cuando el mercado caía. Así pasamos a ser el líder mundial.

El gobierno Correa tiene poca tolerancia a la informalidad. Hace cumplir en el campo las leyes tributarias, laborales y de seguridad social. Los salarios son hoy más altos que en Centroamérica. La ventaja que gozábamos, no va más.

Los productores, ante los mayores costos, exigen que el Gobierno fije precios para la fruta que les permita ser rentables, independientemente de la eficiencia. El Gobierno intenta cumplirles.

Pero el Ecuador no pone precios en el mercado, sino que toma el que hay. Si los exportadores no pueden ganar pagando precios oficiales, sólo exportarán su propia fruta, de plantaciones tecnificadas y eficientes; o en su defecto, la adquieren de un país de costos menores.

¿Cómo proteger al pequeño productor y a la vez no perder mercados a pesar de los mayores costos sociales? Le toca a Javier Ponce encontrar respuesta. Y darla en forma de égloga.