Milton Luna

Y salió Quito

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Me demoró un compromiso laboral… iba a la marcha… estaba lejos, al norte de la ciudad, cuando a la altura de la av. Naciones Unidas, recibo la llamada de Alejandro: “Estoy en San Francisco… la plaza está llena”. Ya no llegué, dije para mis adentros… qué pena. Sin embargo, con mi compañera, decidimos avanzar…

En El Ejido iniciamos la caminata… a la altura del Ed. del Consejo Provincial, vimos que no solo nosotros éramos los retrasados. Caminábamos decenas, cientos, sin carteles ni consignas. Una suerte de solidaridad cómplice nos hacía pisar firme al centro de la vía.

Llegamos al Banco Central, vimos que muchos manifestantes con pancartas iban camino de retorno. Ya en la calle Guayaquil, observo hacia tras. Los cientos se habían transformado en miles. Además, los que regresaban no eran cientos sino también miles.

Virtualmente hubo dos marchas, los que retornaban de San Francisco y los que íbamos hacia la plaza. Se producía un fenómeno inusual en la historia de las luchas populares en Quito. San Francisco, el emblemático espacio de protesta, en horas, se había llenado dos o tres veces, con gente distinta, lo que daba a pensar que más de 100 000 manifestantes protestaron este 19M.

Ingresar a la plaza fue complicado por la cantidad de gente apretujada que entraba y salía. Llegado al sitio aprecié la diversidad de sectores sociales e intereses expresados en carteles y consignas. Estaban los convocantes: obreros, indígenas, maestros y estudiantes. Estaban también las mujeres, médicos, artistas, ecologistas, profesores universitarios, los Yasunidos y los guambras del Mejía. Pero hubo mucha gente más sin carteles, algunos con su bandera del Ecuador, quiteños y quiteñas de clase media, jóvenes la mayoría, que querían manifestarse. Los convocantes fueron desbordados por una ola de descontentos.

Cada cual con su reclamo bajo el brazo. Diversos, pero con un sentimiento común, su rechazo hacia el gobierno, entre ellos, Rosa, una antigua activista del movimiento de la niñez y hoy facilitadora en un Centro infantil estatal: “Yo soy empleada pública… Pero no me importa lo que me pase… quiero manifestar mi rechazo por cómo están las cosas”.

Fue una manifestación alegre y pacífica que desafió la lluvia. Fueron miles de paraguas que contenían indignación y sueños. Somos más… ya no tenemos miedo... ¡Estamos hartos!, decían. Flotaba un aire parecido al de marzo y abril del 2005, al de los Forajidos.

Luego de la marcha, a ver las redes sociales… la gente había salido en Cuenca, Guayaquil, Ibarra, Latacunga, Cayambe, Riobamba, entre otras. Era una protesta nacional. ¿Fracaso?... ¡Qué ceguera! Sin embargo, recordé que cuando avanzaba por la calle Guayaquil hacia San Francisco, una militante de Alianza País, exactivista de DD.HH., fingió no verme. Su mirada taciturna, lo decía todo.