Milton Luna

Cambios en educación

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‘Si tu candidato no sabe cómo cambiar la educación, cambia de candidato” fue la consigna que el movimiento ciudadano Contrato Social por la Educación (CSE) posicionó exitosamente en la campaña del 2002. Hoy, en esta segunda vuelta, si la consigna fuera acogida por la población, no habría por quien votar. Ninguno de los finalistas apunta a un cambio sustantivo de la educación.

El candidato Lasso habla de cambios, entre otros, del vaucher y de clausurar la Senescyt, pero carece de una mirada integral, lo que le resta consistencia. El candidato Moreno, al retornar al país, dio un asomo de cambio a través de una crítica a las escuelas del Milenio, acusándolas de “elefantes blancos”, pero a las 24 horas reculó, seguramente después de un tirón de orejas. El cambio en educación desde Alianza Pais, es difícil. La propaganda oficial posicionó a esta política, a nivel nacional e internacional, como la más exitosa del gobierno junto a las carreteras. Así que en educación, pensar en cambios desde arriba, es una quimera.

Sin embargo, por más limitaciones que tengan los presidenciables, la sociedad civil debe demandar cambios en educación. En otras palabras, los políticos, no deben imponer agendas, deben repensarlas, si la gente les dice que repiensen. Es su obligación.

El Contrato Social, en estos días, ha difundido una agenda educativa de 14 puntos claves (contratosocialecuador.org): Reapertura de escuelas rurales cerradas; eliminación de la prueba ser bachiller; nuevo sistema de evaluación; proyecto educativo hacia el 2030; concepto de calidad educativa consensuado; autonomía universitaria; eliminación de modelo centralista, reformas a la LOES y LOEI, etc. Tal agenda, que será desarrollada en esta columna en las semanas próximas, es planteada como una base para un diálogo con el candidato y su posible ministro.

La iniciativa de sentar a los equipos técnicos de los candidatos es novedosa. En este momento, según el CSE, no interesa la parafernalia ni el exhibicionismo político, esto es, hacerle firmar al candidato cualquier papel de compromisos y tomarse la foto frente a las cámaras de TV, con lo cual él piensa ganar votos y congraciarse con la gente. Importa, que el candidato muestre a su equipo técnico y exponga los “qués”, dando cuenta de su conocimiento sobre de los problemas del sector, y sobre todo, sobre los “cómos”. Con esto, la ciudadanía lograría, desalentar la campaña sucia y la demagogia, y elevar el nivel de debate y discusión política a territorios que darían cuenta de la seriedad o no, de los políticos que quieren dirigir los destinos del Ecuador.

Mientras se crean nuevos espacios de construcción de política pública, la sociedad civil no deja de demandar el debate presidencial, que si algún candidato lo rehúye, destroza su credibilidad.