Milton Luna

¡Atrevámonos!

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 12
Contento 0
19 de julio de 2014 00:00

Hubo un encuentro de voluntades para dar vida a uno de los grandes proyectos educativos de América Latina. Ese proyecto fue Fe y Alegría que surgió en Venezuela y se regó por toda la región y por otras partes del mundo. El Ecuador fue el segundo país donde, en 1964, se desarrolló esta extraordinaria experiencia que en estos días cumple 50 años.

Fe y Alegría fue y es una minga, un ejemplo de participación de muchos y diversos sectores animados por identidad y espiritualidad comunes, para llegar con soluciones allí donde no podía ni puede llegar el Estado, a los márgenes de la sociedad, a los más pobres y excluidos.

En el inicio, allá en la Venezuela de los años cincuenta, fueron tres actores individuales y sociales los que arrancaron. Luego fueron decenas, centenas y miles. ¿Quiénes fueron esos tres? El P. jesuita José María Vélaz, los voluntarios universitarios y los pobladores de las barriadas pobres. Como diría Joseba Lazcano, S. J.: “Y sabemos que allí, en ese encuentro de voluntariado universitario con la vida de barrio, aconteció Fe y Alegría”.

Abraham Reyes, un humilde obrero, en un acto de extrema generosidad y solidaridad (como es costumbre en los pobres), brindó su casa para que se implante la primera escuela de Fe y Alegría. “Este ejemplo fue el disparo de ejemplaridad” que impulsó a las otras voluntades. Diría el P. Vélaz: “Todos somos convocables si nos presentan una bandera que valga la pena”. De esta manera, “Fe y Alegría no nació de una “planificación de escritorio” ni de la “confianza en las chequeras bien provistas”… “Sin mística, sin audacia y sin generosidad, supliendo la pobreza de capital y de técnica, el camino de Fe y Alegría hubiera sido una quimera…”.

Pero la espiritualidad y la mística fueron acompañadas de compromiso social y de claridad política. Para el P. Vélaz: “La redención social del pueblo debía empezar por su educación”. Por lo que vio a los pobres “no como objetos de misericordia, sino como sujetos de su transformación y de la transformación de la sociedad”.

Por esto Fe y Alegría no es un conjunto de escuelas, sino un movimiento por la justicia social a través de la educación. Tomó como base los principios de la Educación Popular, “movimiento alternativo, enfrentado a las prácticas educativas tradicionales, que intenta promover una sociedad más democrática y justa… propuesta ética, política y pedagógica para transformar la sociedad, de modo que los excluidos se conviertan en sujetos de poder y actores de su vida y de un proyecto humanizador de sociedad y de nación”

En estos 50 años de Fe y Alegría sembremos sus principios en todo el sistema educativo. “Atrevámonos a levantar banderas; atrevámonos a proponer caminos difíciles y exigentes, pero que son los verdaderos caminos de la alegría y de la felicidad”. Como pensaba el P. Vélaz.