Rodrigo Fierro

Militares historiadores

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7 de June de 2012 00:04

Desde cuando nos constituimos en República, mantener el espacio geográfico que nos correspondía ha sido un desvelo permanente, una idea fija en nuestra corteza cerebral. Quienes se decidían por la profesión militar respondían al llamado de un pequeño país que en último término a lo que aspiraba es a que le dejaran vivir en paz con sus salidas soberanas al Amazonas, tanto por el Santiago como por el Napo, cuando este es plenamente navegable y allí contábamos con un pequeño puerto, Rocafuerte, creado por colonos ecuatorianos, había una escuelita y en las fiestas patrias se izaba nuestra bandera.

Cuando el statu quo de 1936, el Gobierno presidido por el Gral. Alberto Enríquez envió a Rocafuerte al Batallón Vencedores a manera de mensaje de que hasta ahí no más llegarían las pretensiones del vecino del sur. En 1941, cuando la invasión, fuimos arrollados, por unas FF.AA. que se habían preparado para saldar una antigua afrenta con Chile pero que prefirieron embestirle “al coloso del Norte”, nosotros, país desarmado, victoria segura. Como para los países garantes del Protocolo de Río de Janeiro de lo que se trataba era de ponerse a trazar líneas imaginarias de frontera a gusto del vencedor, Rocafuerte pasó a manos peruanas y en el suroriente aquel trazado, en el papel que todo aguanta, desconoció inclusive la existencia de realidades geográficas. No nos quedó otro recurso que armarnos: habíamos sido despojados, humillados y ofendidos. Nuestro país inclusive anímicamente se había preparado para no dar un paso atrás pues habíamos llegado al colmo. Los militares ecuatorianos se impusieron en la guerra del Cenepa.

El triunfo nos supuso limpiarnos la cara de la vergüenza del 41 y resignarnos a aceptar el Tratado de Paz del 2004, y en esas estamos en la confianza del beneficio que les supondrá a las nuevas generaciones de los dos países. Que Dios nos oiga.

Cuando la Academia Nacional de Historia Militar publicó en el 2010 la “Historia Militar del Ecuador”, me llegó al alma y la ponderé en esta misma columna: los más de los capítulos escritos por los generales que se hicieron valer en el Cenepa y también resultaron escritores ilustrados, cultos.

La noble institución, dicha academia, acaba de publicar en su Boletín nro. 3, 2012, 11 estudios admirables sobre Alfaro, su Revolución Liberal y lo que le correspondió en la creación de un ejército llamado única y exclusivamente a defenderle a nuestro Ecuador, alejado de banderías siempre circunstanciales. Sus autores, los más generales; una capitana, Rosita Chacón. Algunos, figuras tan conocidas y tan apreciadas como Paco Moncayo, Pepe Gallardo y Fernando Drobronski. Nuestros historiadores militares tan en su punto, tan cultos, de gorilas nada, con esa pinta más bien de dominicos o franciscanos, respetables en la guerra y en la paz.