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En los últimos 10 años el país no vivió un milagro económico. Vivió un boom petrolero mal administrado, pero que puede haber dejado la sensación de milagro. Claro que si se lo analiza más a fondo, lo que deja es un sabor amargo.

Entendamos el tamaño de la bonanza: entre 2007 y 2014, el Ecuador produjo más petróleo que en el pasado y ese petróleo tenía unos precios muchísimo más altos. En el mes récord, en junio 2008, el precio del barril ecuatoriano fue de USD 117, ni más ni menos que 14 veces más alto que en diciembre de 1998, cuando se llegó a su mínimo histórico. Esta comparación no considera la inflación, pero si se incluye esa variable en el cálculo, el precio crece en 11 veces, igualmente un salto enorme. A esto hay que sumarle que desde fines del 2003, gracias a la entrada en funcionamiento del OCP, la producción nacional de crudo pudo crecer significativamente. En 2007, por ejemplo, el país produjo un 32% más de barriles que en enero de 2003. O sea, hubo más petróleo y a precios más altos.

Por eso, el valor acumulado de la producción petrolera entre 2007 y 2014 fue de USD 127 mil millones de 2014, una cantidad muy similar al acumulado entre 1979 y 2006. O sea, la riqueza disponible en 8 años (de infinita bonanza) fue equivalente a la que se dispuso en los 28 años anteriores, todo correctamente ajustado por la inflación.

Y eso (más petróleo a muy buen precio), fue el aparente santo del aparente milagro. Porque esa riqueza le permitió al gobierno aumentar su gasto hasta niveles tan altos que se distorsionó toda la estructura de la economía ecuatoriana pero que regaron en el país la sensación de que ya no éramos pobres.

Lo grave es que hasta el gobierno llegó a creerse que no éramos pobres y empezó a gastar como si estuviera el mando de un país rico. Gastó tanto que tuvo que endeudarse a pesar de su inmensa riqueza. Entre 2012 y 2014, en tres años de buen precio del petróleo, la deuda pública se duplicó. Simplemente pasó de USD 14,560 a 30,140 millones. Así de sencillo: en el lapso de tres años, a pesar del buen precio del petróleo, el país tenía el doble de deuda. Y esa deuda financiaba ese aparente milagro.

Pero, más allá de financiar un inmenso consumo, ¿qué resultados dejó ese “milagro”?
Dejó pocos. Porque la pobreza, que había venido cayendo rápidamente entre 2001 y 2006, siguió cayendo entre 2007 y 2014, pero mucho más lentamente. Y en el 2016 cerró por encima de lo que había cerrado en el 2014.

No fue un milagro. Fue San Petróleo que, al igual que San Erasmo que desorientaba a los marineros, desorientó a todo un país, a toda una política económica y a toda una generación de tecnócratas que creyeron que sus políticas eran exitosas, cuando lo único exitoso era la economía China que disparó los precios del mercado internacional de crudo.