Miguel Rivadeneira

Ocho años y el drama sigue

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Ocho años de administración de un Régimen es un buen tiempo para evaluarlo. Ya no se puede acusar al pasado de otros gobiernos como se han acostumbrado en este tiempo, con nutrida propaganda oficial. Noventa y seis meses después subsisten las fallas que se creían superadas, incluso con el reconocimiento de altos funcionarios que dejaron unos cargos para pasar a otros.

El manejo de la seguridad social ha tenido puntos positivos y avances. No podía ser de otra manera con un instituto que recibe alrededor de USD 700 millones mensuales por concepto de aportes y cuenta con el mayor banco del país, el Biess, que dispone de una cartera de más de USD 13 000 millones.

Se ha duplicado el número de afiliados, lo cual es bueno, incluso con otra carga por decisión política: el aumento en la atención a los cónyuges e hijos menores de 18 años. Sin embargo, en materia de salud, fuente principal de la demanda, la oferta no creció en esa proporción, pese a la puesta en funcionamiento de nuevas unidades, hospitales y el mejoramiento de las existentes. Se presiona a los médicos solo pensando en la cantidad antes que la calidad.

Lo grave es que en un instituto de esta dimensión, por los cambios de administración en un mismo Gobierno, no se sostuvo la misma dinámica de obras y el mantenimiento profundo y permanente sin pausa. Ese es el caso del Hospital Teodoro Maldonado de Guayaquil. Precisamente para hacer frente a la demanda creciente en marzo del 2012 (hace tres años) la administración de entonces colocó la primera piedra de la obra del nuevo Hospital de los Ceibos. Incluso, en el Banco del Pacífico, por confirmación de la máxima autoridad de entonces, se había dispuesto para el inicio de la obra un monto de USD 7 millones y USD 800 000, pero ese dinero continuó allí sin haberse usado.

Resulta que en las últimas semanas vuelve a colapsar este hospital, se sanciona a unos directivos de ese centro pero el problema subsiste porque esta situación no se arreglará en poco tiempo, en medio del sufrimiento de los pacientes. ¿Qué pasó entre el 2012 y el 2014? ¿Acaso no se perdió el tiempo en forma inadmisible, incluso para la apertura de otros hospitales que habían quedado listos como el de Sangolquí y que la actual administración puso en pleno funcionamiento? ¿Quiénes fueron los artífices y por qué no se establecen responsabilidades, no solo de los ejecutores de las políticas en el hospital de Guayaquil? Seguramente será “la prensa corrupta” independiente, que contribuyó eficazmente con investigaciones pero no se hizo caso.

Ocho años después, el “cambio de época” exhibe más problemas en estas unidades, demora en la ejecución de las obras, falta de mantenimiento y atención oportuna y una demanda creciente, que tiene que ser evacuada en medio de la declaratoria de una nueva emergencia con la colaboración delas FF.AA. para mitigar la situación.