18 de January de 2011 00:00

Migrantes de película

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Pablo Cuvi

No voy a hablar de ‘Prometeo’, que no he visto, sino de dos ecuatorianos cuyo ingreso en el cine europeo es tan parecido que atrajo mi atención. Meses atrás vino a casa Ricardo Cueva, compañero de colegio al que no veía desde la fiesta de graduación. Buenmozo, mamá italiana, ojos azules, no le dije que está igualito para que no replicara que no nació viejo, pero la verdad es que se ha conservado muy bien. Respaldado por un jugo de guanábana contó su vida: luego de estudiar leyes en la PUCE se fue a Italia a un posgrado y entró a la FAO donde hizo carrera, se casó con una alemana y viajó por el mundo. Adelantó su jubilación para disfrutar más de la vida: con su esposa y sus dos hijas se instalaron cerca de Bonn. Un día leyó en el diario que buscaban niñas para una película. Considerando que la menor era extrovertida y había estudiado teatro la llevó al casting, donde se lució. Al ver que también buscaban alguien para un papelito de médico francés, hizo la prueba de cámara muy relajado, dándole un toque latino a su personaje para diferenciarlo del aspirante alemán que lo representaba con demasiada rigidez.

La familia marchó de vacaciones, pero debieron volver antes de hora pues había llamadas urgentes de la agencia. No eran para la niña, por desgracia, sino para él, que de carambola se convirtió en el médico francés, luego en un oficial alemán de un Berlín en llamas y en un par de personajes más. Son secuencias cortas que él toma como un ‘divertimento’ sin mayor trascendencia.

Recordé esa historia cuando leí en este diario que un quiteño de La Tola, Alfredo Silva, triunfa en la película ‘No controles’. Rodeado de actores españoles de comedia, aparece en la foto un hombre pequeño, de típico rostro trigueño, no guapo pero intenso, a quien la emoción de haber triunfado en Madrid no logra erradicar esa melancolía andina que nos mata. ¿Cómo empezó todo? Avisado por un amigo, Silva había acudido a inscribir a su hija en una agencia de actores pero ¡oh, coincidencia!, lo eligieron a él para que hiciera de Jimmy, un empleado de hotel al que un español cholea por sudaca, Cantinflas, Panchito, etc. Él responde que se llama Jimmy y no tiene amigos y sigue actuando tanto que aparece en los créditos iniciales.

Audaz y emprendedor, Silva había dejado el trabajo de operario de una fábrica de lácteos, pero cuando empezaron los rodajes nocturnos tuvo que avisar a su mujer, que ahora está dichosa con artista propio, pero que ese rato habrá pensado también que era medio loco e irresponsable. Y lo es en cierta manera porque a diferencia de Ricardo, que tiene consultorías y jubilación, si Alfredo no consigue más chambas de actor tendrá que buscar camello y eso no es nada fácil en la España de estos días. ¡Pero bien por ambos, joder!

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