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21 de July de 2011 00:02

Cuando eran aproximadamente las 10 de la mañana, luego de participar en el plantón de apoyo a diario El Universo, llegué a los bajos del Consejo de la Judicatura, en donde se estaba desarrollando la audiencia por la denuncia planteada por el Presidente a Emilio Palacio, El Universo y sus directivos. En el lugar el ambiente era bastante tenso; la prensa no podía subir a la sala; a mí tampoco me permitieron ingresar. Estas prohibiciones las rechazo porque son una clara señal de prepotencia y abuso de autoridad.

Al llegar fui recibido por funcionarios públicos y manifestantes que me agredieron con insultos y ofensas. Lo mismo hicieron con Tania Tinoco sin importarles su condición de mujer y el respeto que se merece por ser un símbolo del periodismo valiente. ¿Eso es lo que el Gobierno quería? ¿Por qué enfrentarnos entre hermanos?

El sábado en enlace ciudadano, el Presidente anunció que vendría a la Corte con manifestantes y hacía responsable a El Universo por lo que pueda pasar.

Esta declaración del Jefe de Estado me recordó aquel sábado de agosto del 2008 cuando Correa dijo: “Aquí somos 400, abajo hay 50 majaderos, vayan y ensé- ñenles a ser democráticos”.

Hay varias interpretaciones: que Correa quiere meter preso a Palacio, más que demostrado; que quiere callar a El Universo, si se resuelve de manera negativa no solo se perjudica a ese medio; y otros piensan que es por los USD 80 millones; sin embargo esa cantidad no creo que sea suficiente para el acusador.

La sentencia tendrá dos lecturas en caso de ser positiva para Palacio, el Diario y sus directivos o negativa: Si se resuelve de manera positiva, se habrá demostrado que aún existen jueces valientes e independientes, quedará en evidencia que estos procesos son parte del show con el que pretenden callarnos. Si la resolución judicial es negativa, eso sí será muy peligroso para la salud de la democracia y nuestra libertad; los perjudicados seremos todos los ecuatorianos: chiros, pelucones, blancos, negros, patuchos, gordos y flacos...

Alguien me preguntaba si tengo miedo; por primera vez acepté que sí. Tengo miedo a que empecemos a sentir miedo ante lo que pasa. Tengo miedo a que nos quedemos inmóviles. Tengo miedo a que perdamos nuestra capacidad de sorprendernos a la corrupción y los abusos. Tengo miedo a que los directivos de los medios de comunicación empiecen a callar a sus trabajadores y colaboradores. Tengo miedo a que los ciudadanos empecemos a recibir información censurada. Tengo miedo a que los jóvenes crezcan en un país sin oportunidades y sin libertad. Pero, sobre todo, tengo miedo a vivir en un Ecuador gobernado por el miedo.