Diego Pérez

Mi progresismo

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2 de February de 2014 00:02

Supongo que cada persona tendrá su idea de lo que debe ser la política democrática y su propia concepción de lo que debe ser el progresismo. En este punto -en lo del progresismo- tengo una opinión formada: Primero: el progresismo se debe basar en los límites, en el control y en la rendición de cuentas del poder. Es que el poder debe ser, por definición, moderado, limitado y responsable. La historia prueba mil veces y sin que haya lugar para la duda razonable, que quien tiene el poder lo quiere acumular, lo quiere multiplicar y lo quiere para siempre. En eso el poder, supongo, debe tener efectos sicotrópicos.

Segundo: la división del poder debe ser real, es decir que un régimen no podrá ser progresista si el Ejecutivo, en la práctica, controla o influencia a los jueces y si el Legislativo es obediente y no deliberante, es decir si se allana a las órdenes del poder y no existe debate de ninguna naturaleza. El monopolio del poder y el progresismo se repelen. Resulta contradictorio que, en la práctica, la división del poder sea apenas una fachada y el poder, en cambio, sea monolítico e incontestable. Divide y progresarás.

Tercero: en la práctica, y no solamente en la letra de la Constitución, el Estado tiene que ser laico. Si las decisiones políticas se toman sobre la base de los dogmas y de las creencias religiosas, habrá regresión y en ningún caso progresismo. No basta -como hace más de un siglo- con que la sociedad civil esté separada de la iglesia: es elemental que los debates, las reformas y las medidas del poder estén despojadas de teñiduras religiosas. La política mezclada con la religión degenera, por fuerza, en discriminación y en segregación.

Cuarto: también en la vida real, debe haber pluralidad de partidos políticos y libre circulación de ideas. Si la mente delinque, no hay progresismo. Si el aparato estatal reprime el pensamiento, no hay progresismo. Si el poder decide qué ideas son verdaderas y cuáles falsas, no hay progresismo. Si el poder argumenta y pone en práctica su inexistente infalibilidad, no hay progresismo. Si, en la vida misma, el partido es el gobierno y si el gobierno es el Estado, no hay progresismo. Si se impone una ideología única, en la que hay que creer a pie juntillas, no hay progresismo. Si se debe considerar una alianza con el poder para salir adelante, no hay progresismo. Si las opiniones y la información deben pasar por el cedazo del poder, pues, no hay progresismo .

Quinto: el progreso de la sociedad puede ser compatible con el desarrollo del individuo. Debe ser viable que, de la mano, salgan adelante al mismo tiempo la sociedad y los ciudadanos. Para que un régimen de verdad sea de verdad progresista, el Estado debe ser servidor del ciudadano y no viceversa. Si se asfixia al ciudadano, no hay progresismo. Si el ciudadano es simplemente una estadística en una base de datos, no hay progresismo.

Y así por el estilo…