José Ayala Lasso

Mentiras y campaña política

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El desprestigio de la política es global. En todas partes se critican las inmoralidades e ilegalidades que se creen propias de ella. En realidad, la política es la participación de los seres humanos en todo lo atinente a sus aspiraciones, como integrantes de una sociedad. La política es el interés innato que todo ser humano tiene en los asuntos públicos.

¿Porqué, entonces, el general desprestigio de la política? En síntesis, porque, ejercida por seres humanos falibles, sufre las consecuencias de los errores y de las pasiones de quienes la practican.

La mejor contribución de los ciudadanos a la sociedad es el respeto a la moral y a la ley, límites naturales a la voluntad individual y colectiva para que el bien común sea alcanzable. Pero, la facultad de pensar libremente da origen a desacuerdos sobre su contenido y sobre la manera de lograrlo. Allí está la base de las ideologías o doctrinas que, diferenciadas en esos aspectos, buscan adhesiones y coincidencias y terminan convertidas en tendencias o partidos políticos. Ocurre con tales agrupaciones lo que con cada individuo: son guiadas por afectos, ideas y pasiones que, si rompen los límites de la moral y la ley, desacreditan a sus actores y desprestigian a la actividad política.

El Ecuador acaba de vivir una campaña en la que se vio aflorar lo peor de las pasiones negativas. El uso de la mentira se generalizó y un movimiento político lo convirtió en su más importante factor de propaganda, siguiendo fielmente las enseñanzas de Goebbels, ministro de Hitler que uso la mentira para desacreditar a la oposición.

¡Con qué saña y empecinamiento repitió el régimen, contra sus rivales, acusaciones descartadas por comisiones nombradas por el propio gobierno! ¡Con qué perversa habilidad logró que, a los ojos del pueblo, el sustantivo “banquero” vaya implícita e indisolublemente unido al adjetivo “corrupto”! ¡Con cuánta insidia convirtió a la obra pública y a las finanzas públicas en mecanismos dadivosos para convencer a quienes menos ejercen su capacidad de análisis.

“Una mentira repetida mi veces se convierte en verdad”, fue el inmoral eslogan usado a diestra y siniestra. Y así, engañando al pueblo y sirviéndose de él, buscó prolongar cronológicamente un régimen de autoritarismo y negación de libertades y derechos.

Actuando así, los políticos corruptos logran que quienes no han sido contaminados por esa mala conducta, concluyan que es preferible alejarse de la lucha cívica, lo que, en consecuencia, deja el campo abierto para que triunfen los audaces y los demagogos.

Pero, de tiempo en tiempo, emerge un ser humano idealista, testimonio viviente de moralidad y legalidad, dispuesto a luchar por la justicia, la libertad y la paz…¡Y el pueblo, esperanzado, le sigue!