Rodrigo Fierro

Nada es verdad ni es mentira

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‘Nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira” (R. de Campoamor). El avisado lector estará de acuerdo en que también se dicen o escriben medias verdades, animadas por la pasión política, muy especialmente en tiempo de elecciones como es el que actualmente sufrimos los ecuatorianos. ‘Verdades’, ‘mentiras’, ‘medias verdades’: vayan unas perlas:

Que el país se hallaba cruzado de carreteras, de norte a sur, del este al oeste. Decenas de miles de escuelas y colegios distribuidos en todo el país. Hospitales y centros de salud por donde se iba. Universidades y politécnicas, públicas y privadas, forjadas por el talento de maestros ejemplares que así contribuyeron al progreso del país. ¿Obra pública? Puertos y aeropuertos, centenares de pistas de aterrizaje, centrales hidroeléctricas. Educación, tema prioritario para los presidentes ecuatorianos; uno de ellos, inclusive, fundó un colegio para señoritas. En resumidas cuentas, la Suiza de América, nuestro país, con anterioridad al gobierno de Rafael Correa. ¿Mentiras, verdades o medias verdades?

Como no estoy para usar lentes ahumados en beneficio de nadie (soy articulista de opinión de un Diario independiente, EL COMERCIO), valgan estos comentarios. Sí, numerosos hospitales. Cuando nos cayó el diluvio de dólares se inició un programa ‘pantagruelino’ (OPS/OMS) de construcciones de edificios que serían hospitales. Nadie se preocupó que funcionaran adecuadamente, los nuevos y los que ya había. Sí, se construyeron dos plantas hidroeléctricas, pero continuamos dependiendo de las termoeléctricas (una de nuestras venas abiertas). Pistas de aterrizaje y caminos vecinales intransitables con cada invierno. La pista del antiguo aeropuerto Mariscal Sucre de Quito, un peligro diario para la seguridad de los colindantes (tragedias no faltaron). Nunca se dieron los pasos concretos para que funcionara un Sistema Nacional de Salud, sueño del presidente Roldós. La mortalidad infantil de las más altas de Sudamérica. Se desmanteló un Programa Nacional de Control de la Anemia por Deficiencia Alimentaria de Hierro, a nivel de población total. En lectura, escritura y matemáticas, los estudiantes ecuatorianos entre los últimos del mundo. Nuestra producción científica, obra de unos pocos y con recursos provenientes del exterior, muy por debajo de lo que nos correspondía por el número de habitantes. Laboratorios obsoletos los de Ciencias Básicas en las universidades. ¡Las escuelas de las comunidades indígenas! Las peores del mundo, pero eso sí ‘ahí no más’, ‘cerquita’. El ‘tejido social’ de la organización indígena, intocada como en tiempos de la Colonia. ¿Volver al quichua? Batalla perdida. Dejó de hablarse a nivel familiar.

Requerimos estadistas que enfrenten los problemas sin cristales de colores que distorsionen la realidad.

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