Jorge G. León Trujillo

Memoria de los hechos: Diego Cordovez

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20 de May de 2013 00:01

La fascinación de la palabra no es dada a todos, para hacerla o para captarla. Diego Cordovez inicia sus relatos, de hechos y procesos internacionales, ante un interlocutor que queda prendado por la descripción de personajes históricos o por el decurso de los hechos que han moldeado la agitada escena internacional del XX vividos tras las bambalinas de la diplomacia. Este arte de la palabra ha logrado plasmarle en su libro de memorias.

Escenarios, hechos, actores internacionales, personajes históricos y anécdotas que puntúan acontecimientos de la segunda mitad del XX, son la fascinante descripción precisa y sintética de Cordovez antes que su conclusión defina procesos y tendencias en curso o alguna reflexión general. No recurre a conceptos, hipotéticas teorías como muchos acostumbran, pretendiendo dar así valor de análisis a sus palabras o darse importancia cuando no logran aún captar lo medular de teorías y hechos. El peso de la palabra de Cordovez es que los hechos adquieren significados por su mirada acuciosa de la escena internacional y por pertenecer a hechos históricos. Cuanto más que fue parte de uno de los inevitables actores internacionales que marcó el XX, las NN.UU.

Cordovez ha sido un privilegiado por la historia que le permitió observar y ser parte directa de hechos históricos que moldearon nuestra época, en múltiples conflictos, Santo Domingo, Bangladesh, Malta, Libia, Cuba, Chipre, Venezuela, la guerra Irak-Iran, o en su conocida y hábil mediación para la salida de los soviéticos de Afganistán o de los soldados de EE.UU. de Granada. Vivió la formación de Unctad, aquel paso de NN.UU. del indispensable quehacer por la paz hacia la exigencia del "Tercer Mundo" por desarrollo, disputando primero nichos de comercio, luego recursos para su causa. Fue por largos años colaborador cercano o el segundo de las NN.UU. con varios secretarios generales. Cordovez es en sí una memoria de las NN.UU.

Muestra las NN.UU. en formación y en constitución de una tecnocracia que pretendía asumir intereses universales. En Francia existen los Barones del Estado, esos tecnócratas que asumen el Estado sin concesiones ante el poder de turno; Cordovez representa a los Barones de la tecnocracia onusiana en disputa con gobiernos presionando para que sus causas predominen.

Cordovez es toda una vida de diplomacia excepcional. Hasta se le perdona de haberse lanzado de candidato a la vicepresidencia, otro mundo del que ha transitado en el amplio escenario internacional entre sueños de planes onusianos contra la pobreza, los conflictos internacionales, la balanza de poderes de las potencias y el nuevo rol de una tecnocracia internacional que por un tiempo fue un mediador en el juego de potencias, antes de conocer su decadencia de obesidad burocrática y perder el norte de su acción, le ganaron las potencias, sobre todo la principal.