Óscar Vela

Melville y Manuela

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16 de June de 2013 00:01

La ficción logra muchas veces aquello que en la realidad ha sido imposible, o cuando menos improbable. Hace pocos días terminé de leer la novela "Historia Secreta de Costaguana", de Juan Gabriel Vásquez, y entre otras maravillas que el autor relata alrededor de la independencia de Panamá y la construcción del Canal, (como los viajes de Joseph Conrad a lo largo de la costa del Pacífico norte, por ejemplo), se refiere también al encuentro que se habría producido en Paita, allá por el año 1845, entre Herman Melville y Manuela Sáenz.

Gabriel García Márquez en su obra "El General en su Laberinto", ya había recogido el suceso aproximándolo con su pluma a la antesala de una verdad histórica: "Tres visitas memorables -dice- la consolaron de su abandono: la del maestro Simón Rodríguez, con quien compartió las cenizas de la gloria; la de Giuseppe Garibaldi, el patriota italiano que regresaba de luchar contra la dictadura de Rosas en Argentina, y la del novelista Herman Melville, que andaba por las aguas del mundo documentándose para Moby Dick".

También la escritora Silvia Miguens, en su novela "La Gloria Eres Tú" menciona el supuesto encuentro de los dos personajes. Y, cómo no, en la última película que se hizo sobre ella, del director Diego Rísquez, titulada "Manuela Sáenz", un joven Herman Melville encuentra a la dama envejecida y enferma, aunque siempre luminosa por aquel halo radiante de heroína que la acompañó hasta la muerte.

El escritor Jaime Marchán en su ensayo "Sobre Herman Melville y el Ecuador: Travesía y Ficción", desmenuza con arte y pasión la vida del autor neoyorkino y la maravillosa obra que lo consagró en el mundo de las letras: 'Moby Dick'. Y entre los viajes obsesivos del capitán Ahab en las aguas ecuatoriales buscando al monstruo blanco, también hace referencia a la "ficción posible" de aquel encuentro. Marchán enumera cronológicamente los hechos que mantenían a Manuela Sáenz en Paita (enferma, pobre, desterrada), y a Melville bordeando la costa chilena, peruana y ecuatoriana a bordo del ballenero Acushnet.

Existen registros de que el escritor pasó por Paita en 1845, y aunque no hay constancia documental alguna de que hubiera visitado a Manuela Sáenz en aquel lugar, es muy probable que la reunión se haya concertado pues conocer a la mujer quiteña, reconocida en el orbe por su relación con Bolívar y su participación en las guerras independentistas, era casi una obligación que, además, satisfacía la curiosidad de los personajes que desembarcaban en esas tierras.

Por ahora la única verdad es la que se encuentra en las páginas de los libros que, entre el oficio y el artificio de los buenos escritores, entretejen deliciosas mentiras a partir de la veracidad probable de ciertos hechos, y nos invitan a soñar.