Jorge León

Medir fuerzas ¿para qué?

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Fue otra vez innecesaria para la sociedad y negativo para Correa la medición de fuerzas entre las personas que movilizan los contestatarios sociales y las de AP. Habría sido más sano que se expresen y se debatan las posiciones contestatarias. Pues, FUT- Conaie y más grupos contestatarios ampliamente colmaron las centrales calles quiteñas, aún más, lo hicieron en las ciudades más pobladas, en donde el Gobierno reprodujo la medición de fuerzas. En Quito, una compacta marcha, que llenaba toda la calle, sin dejar casi espacio para ver sus pancartas, duró dos horas y media para que los últimos lleguen a la Plaza S.
Francisco.

Hubo tantos caminantes como en el 1 de Mayo, en que también la contramarcha gubernamental con gente de varias provincias tampoco rebasó a la de los contestatarios. Ahora, la contramarcha gubernamental fue festiva por las reformas sobre el trabajo; llenó ampliamente la Plaza de la Independencia, en mayoría con funcionarios públicos que en traje llegaron desde las 15:00, otros más populares al atardecer y esta vez fueron menos los de provincias.

La marcha fue también una disputa de significados. El Gobierno promovía sus medidas de inclusión social para personas (empleadas domésticas, amas de casa, discapacitados...).
Los contestatarios no tenían un eje claro de posiciones sino un “chorizo” de demandas. Pero la Marcha del FUT y Conaie fue un momento de reencuentro de las fuerzas contestatarias que estaban dispersas y atemorizadas por el control gubernamental.

Hay ahora pérdida de miedo y voluntad de expresarse. Hubo varias consignas inventivas y expresadas con énfasis, ganas y muestras de afirmación. Un ritual muy significativo que incluida la ironía y la burla del poder (“La restauración conservadora está de fiesta en la Plaza de la Independencia”), esa que marca la protesta relegitimada, un nuevo ciclo.Fue también la expresión de conflictos sociales. Es algo decisivo en toda sociedad, expresar conflictos y el cómo se los aborda. El Gobierno trató de controlarlos e impedir su expresión. Ahora emergen varios descontentos, con demandas represadas, tejen nexos y poco a poco construyen ideas para integrarse por algo más significativo que el simple rechazo, se van configurando causas sociales, una visión más englobante.

El FUT pedía solo diálogo, pero en lo conocido del Código del Trabajo tres temas merecen debate público. La flexibilización de la contratación, de los horarios y remuneraciones; el fin de la sindicalización en el sector público; y reducción del rol del sindicato en la sociedad (trabas al contrato colectivo). AP debe esclarecer por qué esto es pertinente, no justificarlo con medidas de inclusión, lo que no viene al caso. La protesta social ha marcado hitos en la historia ecuatoriana.

Si AP quiere la continuidad democrática y no solo legal en el poder debería comprender que le conviene encaminarse a una democracia con menos Estado de propaganda.

jleon@elcomercio.org