22 de June de 2010 00:00

Medio ambiente

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Miguel A. Vasco

El fenómeno ecológico es uno de los denominados temas globales de la agenda internacional contemporánea, que genera preocupaciones e iniciativas en el marco de la convivencia entre Estados. Las referencias inherentes a la degradación ambiental y sus efectos peligrosos para la vida humana y la naturaleza venían de tiempo atrás, pero apenas en la década de los setenta la comunidad internacional tomó conciencia de la índole y gravedad del problema.

En efecto, la cuestión asumió rango universal en 1972 cuando las Naciones Unidas convocaron a la Conferencia sobre Medio Ambiente Humano, en Estocolmo, que fue la primera en su género. Allí se puso en evidencia la fragilidad de los ecosistemas y la necesidad de focalizar la atención mundial básicamente en la protección de las especies amenazadas y en la preservación de los recursos naturales no renovables. En esa importante conferencia se inauguró un diálogo entre los países industriales y los países en vías de desarrollo, con miras a construir un sistema de cooperación, a través de reuniones cíclicas sobre la materia.

Con este antecedente, se celebró en Río de Janeiro (1992) la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, con una agenda amplia y relevante. Fue un diálogo Norte-Sur bajo el paradigma de la cooperación y no de la confrontación. Se adoptaron varios instrumentos multilaterales, entre ellos el Convenio sobre el Cambio Climático. Allí se consagró el nuevo concepto de desarrollo sostenible. El calentamiento global y la preservación de los bosques tropicales figuraron entre los grandes temas del encuentro.

En el 2002 tuvo lugar en Sudáfrica la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible. La visión: satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las de las generaciones futuras.

En este contexto se adoptó el Protocolo de Kioto, que dispone que los países industriales deben reducir la contaminación ambiental para combatir el calentamiento global, lo cual implica también diálogo y compromiso de cooperación con los países en vías de desarrollo, sobre todo en cuanto a financiamiento y transferencia de tecnología, lo cual se contempló ya en Río de Janeiro.

Hace poco tiempo se celebró la Conferencia de Copenhague, que no registró avances sino más bien frustraciones. En Bonn (Alemania) acaban de reunirse funcionarios y ambientalistas de 127 Estados, con resultados poco alentadores, según las informaciones divulgadas. Las esperanzas se radican ahora en la Conferencia de Cancún, en diciembre próximo. Quizá se logre un acuerdo global para bien de todos los pueblos, amenazados por fenómenos catastróficos provenientes de la codicia humana.

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