Manuel Terán

El mediano plazo

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10 de July de 2013 00:02

En muchas ocasiones varios analistas foráneos han resaltado que en América Latina se distinguen, cada vez con más nitidez, dos grupos de países que han escogido distintas direcciones para enfilar sus políticas internacionales. Unos han abrazado una posición abierta hacia el mundo firmando tratados comerciales y abriendo sus economías. El otro conglomerado ha preferido un desarrollo hacia adentro, protegiendo sus mercados y poniendo condiciones más fuertes al ingreso de capitales. A juzgar por los indicadores de crecimiento, el primer grupo está obteniendo resultados más alentadores. Sus economías se expanden más rápidamente, las mejoras en las condiciones de vida de sus habitantes parecen más evidentes que las de aquellos que han sido reticentes a la libre circulación del capital, que han estableciendo restricciones cambiarias o que ponen cortapisas a la iniciativa privada. Pero un elemento a considerar de estos últimos es que, con ciertas excepciones, sus gobiernos tendrán dificultades para sortear sin sobresaltos lo que resta de sus mandatos. Quizá el caso más relevante por la cercanía de un proceso eleccionario para renovar el Parlamento es el de Argentina, que en octubre tendrá a los electores volcados a las urnas que podría poner en entredicho las pretensiones de la presidenta Fernández de ir a la re-reelección, para cuyos efectos tendrían necesariamente que reformar la Carta Política sin que exista el ambiente apropiado para ello.

Eso implicaría que el kirchnerismo dejaría el poder en el 2015, al menos de manera directa, abriendo un enorme abanico de posibilidades en donde pueden encajar escenarios en los la oposición acceda al poder o, exigidos por las circunstancias, los fieles al cristinismo se vean en la necesidad de apoyar a un dirigente que no sea un aliado incondicional de la actual Presidenta, sino alguien que pueda establecer puentes con otros sectores políticos, algo que la Mandataria siempre rechazó.

Si Argentina cambia el rumbo político ¿en qué queda el grupo de países aferrados a la ideología que impulsó el difunto Expresidente venezolano? ¿Tendrá posibilidades de subsistir un proyecto político de dos o tres Estados sudamericanos y unos cuantos más de América Central y el Caribe? ¿Se podrá hablar de un conglomerado de países que puede establecer una alternativa frente a otros en franca expansión, liderado por la Venezuela de Maduro? Que ciertos países abracen el discurso proveniente de suelo venezolano por supervivencia, resulta entendible. En esas condiciones se halla la isla de los hermanos Castro, que sin el apoyo de los millones provenientes del crudo venezolano hace rato habría hecho implosión. Pero existen otros países que tendrán que replantearse su futuro, a sabiendas que a la ruta bolivariana le esperan días difíciles. Momento que debe ser evaluado con serenidad para volver a pisar en la realidad.