Fernando Larenas

Con el mazo dando

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Es conocido que el hombre que maneja el poder político en Venezuela no es Nicolás Maduro. Él simplemente heredó el trono bolivariano directamente de Hugo Chávez. El verdadero articulador del fallido proceso que tiene a Venezuela sumergida en la peor crisis de su historia es Diosdado Cabello, un hombre seriamente cuestionado internacionalmente por su supuesta manera poco ortodoxa para enriquecerse.

Como todo megalómano que se respete, este personaje también se inventó su propio programa audiovisual, un remedo del ‘Aló Presidente’ que manejó por varios años Chávez y cuyo nombre merece un análisis más psicológico que sociológico. Se llama ‘Con el mazo dando’. No es chiste, así se denomina el programa que le sirve para destilar odio, reafirmar su ego y a fin de cuentas para divertirse desde su alta representación política.

Como sabemos, “a Dios rogando y con el mazo dando” es un refrán español mediante el cual queremos expresar que nos encomendamos a Dios, pero al mismo tiempo pretendemos lograrlo con nuestras propias fuerzas, con un martillo o con un mazo. En resumen, el refrán calza muy bien a las personas que se encomiendan a Dios pero hacen exactamente todo lo contrario de lo que predican.

Más o menos eso fue lo que encontró en Venezuela una misión del Senado brasileño cuando pretendió visitar a Leopoldo López, el mayor símbolo de la resistencia venezolana, cuya salud se deteriora dramáticamente por causa de una huelga de hambre en la cárcel de Ramo Verde. Vale aclarar que la delegación brasileña viajó a Caracas con el consentimiento de Itamaraty, en un avión de la Fuerza Aérea Brasileña y con el pedido previo por la vía diplomática de una custodia policial para la delegación durante su estadía.

Pero los senadores, entre los que destaca el ex candidato presidencial socialdemócrata Aécio Neves, fueron recibidos con un mazo, que se sintetiza en las pedradas contra el vehículo en el que viajaban, el bloqueo de la carretera y un asedio persistente de las hordas bolivarianas.

No es la primera vez que políticos extranjeros pasan apuros similares al intentar la visita a un preso político. Ocurrió con expresidentes de Colombia y de Bolivia; también con el español Felipe González.

Lo que parece que no conocen ni Diosdado ni las hordas bolivarianas es el significado que siempre ha dado Brasil a los derechos humanos, a la democracia y a la libertad. Ese país recibió a miles de europeos que huían del terror fascista y de la guerra; también afrontó una terrible dictadura militar entre 1964 y 1985.

Dilma Rousseff fue testigo del rigor de la dictadura. Ella fue encarcelada y torturada por el fanatismo político de entonces.
La explicación que exige Brasil por el maltrato a sus senadores no podrá ser grosera, tendrá que ser diplomática e inteligente. He ahí el dilema.

@flarenasec