Fabián Corral

Mayorías y minorías

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21 de February de 2013 00:01

Los resultados de las elecciones del 17 de febrero son concluyentes: el Presidente de la República y su Movimiento triunfaron en forma amplia y alcanzaron más de las dos terceras partes de las posiciones en la Asamblea Nacional. Esto significa que tendrán una cómoda posición política tanto para gobernar como para legislar sin obstáculos durante los próximos cuatro años.

El triunfo, más allá de lo circunstancial y de las especulaciones acerca de sus razones, pone en el tapete un viejo asunto que la democracia no ha podido resolver: el de la naturaleza de la "fórmula de mitad más uno", el de los límites de las mayorías y el de los derechos de las minorías.

1.- El asambleísmo.- Desde los tiempos de Rousseau, y como argumento esencial del sistema democrático, ya se planteó la tesis de que la mayoría en las elecciones de dignatarios y en las decisiones de los integrantes de las asambleas, generaba una especie de realidad colectiva, de "alma política", que era la "voluntad general", una entidad distinta e independiente de cada elector y de cada legislador. La voluntad general, como fruto del ejercicio de la soberanía, no tendría límites y estaría investida de facultades absolutas: una especie de Leviatán, como propuso Hobbes, el más ilustrado teórico del totalitarismo. Semejante tesis, sin embargo, choca con otras facetas del régimen republicano de inspiración liberal: la división de funciones, el control judicial y político del poder, la teoría de la Constitución como regla superior, el principio de sujeción general de la autoridad a la ley y el polémico derecho de las minorías.

Ni las constituciones, ni la ley, ni la teoría política, han esclarecido el asunto: las mayorías son una especie de dogma indiscutible y, a la vez, la solución tajante y pragmática a los entrampamiento electorales, de modo que pensar siquiera en ponerles límites es una hipótesis improbable. La única modulación que ha planteado e impuesto el constitucionalismo moderno, es aquello de la "mayoría calificada", esto es, el voto favorable de las dos terceras partes de los integrantes del cuerpo legislativo para la reforma a la Constitución, la ratificación de los proyectos de leyes objetadas total o parcialmente, etc.

2.- Los poderes constituyentes de la mayoría.- Uno de los asuntos vinculados con los poderes absolutos de las mayorías, es la asignación de potestades de reforma constitucional a las dos terceras partes del Legislativo. La Constitución de 2008 (artículos 441 y 442) incluye la potestad de la Asamblea Nacional de reforma constitucional, pero lo matiza en la siguiente forma: (i) si se trata de "enmienda" de uno o varios de sus artículos, y siempre que el proyecto no altere su estructura fundamental, o el carácter o elementos constitutivos del Estado; que no restringa los derechos y garantías; o que no modifique el procedimiento de reforma constitucional, la Asamblea puede aprobar directamente la enmienda con el voto favorable de las dos terceras partes de sus integrantes; (ii) si se trata de un proyecto "reforma parcial" que no altere su estructura fundamental, no suponga restricción a los derechos ni cambie el procedimiento de reforma, puede adelantarse el proceso, ya sea por iniciativa presidencial o a petición del 1 por ciento del padrón electoral; el texto será conocido y aprobado, como proyecto, por la Asamblea y sometido a referéndum. (iii) La convocatoria a Asamblea Constituyente para formular un proyecto de nueva constitución, puede ser hecha ya sea por el presidente, o por iniciativa del 12 por ciento del padrón electoral, o por las dos terceras partes de la Asamblea Nacional. El proyecto debe ser aprobado en referéndum.

3.- ¿Qué es la mayoría?.- La democracia, como forma de gobierno y teoría de justificación del poder, tiene méritos, pero adolece de un riesgo esencial, esto es, que el viejo concepto de la "voluntad general" de la que hablaban los liberales del siglo XVIII, termine en la práctica convertido en un sistema de dictadura de mayorías, de despotismo legislativo, que excluya de modo sistemático la representación de las minorías, cuya acción es políticamente necesaria. Además, hay la inclinación a creer que la mayoría, más allá de su función electoral, juega papeles fundamentales en el descubrimiento de la verdad, de la justicia y de la felicidad. Pero, la lógica, la racionalidad y la responsabilidad indican que ni en la universidad ni en la familia, ni en la sociedad civil, ni en la economía, se resuelven los temas por vía de decisiones electorales. Esto porque el método corresponde únicamente a un sistema político y no puede aplicarse a otra institución, lo que revela su relatividad y sus limitaciones.

La "mitad más uno" -o las dos terceras partes- no pertenece a un sistema hecho para descubrir la verdad, ni siquiera es una forma para establecer la justicia. La mayoría no es la mágica varita para encontrar la felicidad. Es, simplemente, una suma de voluntades individuales concurrentes sobre un asunto coyuntural determinado, susceptible de acierto o error. La democracia encontró en la mitad más uno la pragmática y siempre riesgosa solución electoral y parlamentaria para zanjar discrepancias, adoptar decisiones y elegir mandatarios.

4.- ¿Existen los derechos de las minorías?.- En esta línea de ideas, y precisamente ahora que se ha constituido una mayoría sustancial en la Legislatura, y a la par de la pregunta de si existen limitaciones a las mayorías, hay también que interrogarse si las minorías políticas tienen algún derecho; si pueden ejercer la representación de quienes, si bien perdieron una elección, son, sin embargo, ciudadanos integrantes de la comunidad política; si caben en la república las visiones, valores e ideas de los perdedores; o si ser minoría significa someterse sin reserva alguna a los designios de los triunfadores. Este tema alude a uno de los aspectos más polémicos de la democracia, tiene connotaciones profundas de ética política y repercusiones en el ejercicio efectivo del derecho a la participación. Si se admite, sin reserva, el privilegio absoluto y excluyente de las mayorías, ¿no estaríamos frente a un caso de discriminación por razones de opción electoral o de situación política de los "otros"? El asunto no se reduce a la mecánica electoral. Tiene que ver con el hecho de que hay quienes -pocos o muchos- no comparten la tesis triunfante, son portadores de valores cuyo respeto y ejercicio está en la sustancia misma del Estado de Derecho. Este tema tiene connotación importante, porque alude al derecho de representación y de participación de las minorías.