Mauricio Pozo Crespo

Desconfianza y más desconfianza

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En macroeconomía se aprende que el dinero debe reunir algunas condiciones básicas: debe servir para transar; es decir, debe tener aceptación entre los agentes económicos, debe servir para asignar valor a los bienes y servicios y debe generar mantenimiento de riqueza. Si lo guardo hoy debe servir para usarlo mañana.

Estas condiciones se resumen en una palabra: confianza. Cuando el país optó por dolarizar oficialmente su economía, en enero del 2000, la gente cambió una moneda que le generaba desconfianza, el sucre, por una que la brindaba confianza, el dólar.

Por esa razón, al Banco Central ya no se le permitió que emita dinero, únicamente se le autorizó para que acuñara moneda fraccionaria pero siempre respaldado en su equivalente en dólares. Esas monedas fraccionarias que circulan en la actualidad equivalen a cerca de USD 88 millones, cifra que comparada con los USD 44 000 millones -que se estima es el total de dinero en la economía- no representa una magnitud significativa.

Pasan los años. Viene primero la abundancia de ingresos y el endeudamiento público agresivo que dio lugar al despilfarro fiscal para luego llegar la época de las vacas flacas, y el Gobierno actual empieza a sentir los estragos de los excesos. Se aprueban normas que permiten al Banco Central nuevamente hacer lo que la dolarización le impide, esto es imprimir dinero, pero ahora a través de la figura de emisión de dinero electrónico.

Esta “facultad” que le asignan al Banco Central ocurre en momentos de hambruna fiscal. Por ello, el BCE hizo lo que nunca pudo hacer, esto es, prestarle plata al Gobierno, ahora bajo la figura de “inversiones de las reservas internacionales en bonos de Estado”.

Antes ya habían convertido el aumento de precio del oro en “liquidez” fiscal, así como el propio BCE emitía títulos valores para que se cancelen obligaciones al Fisco. En otras palabras, le succionaron la liquidez al BCE y lo siguen haciendo, a las ya escuálidas reservas internacionales. Las operaciones realizadas conllevaron a que los pasivos exigibles del BCE superen en más de USD 4 000 millones a los activos líquidos. Ahora, a ese desfase le añaden otro pasivo: la creación del llamado dinero electrónico, el mismo que ya, de entrada, aumenta las obligaciones pero con activos líquidos insuficientes.

El uso de dinero electrónico hasta el momento no ha tenido acogida. El saldo transado se ha parqueado en USD 800 000, una cifra marginal. Pero empiezan a incentivar su uso con la devolución de parte del IVA. Sorprende que en esta incertidumbre, desconfianza y crisis económica, sigan sumando más factores de desconfianza, como es la inclusión del dinero electrónico. Quítenle al BCE de este esquema y quizá funcione, pues el factor de desconfianza sale del ruedo. No más armas para que el Fisco cubra su desorden.