María Cárdenas R.

¡Contradicciones!

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Blanco y negro. Así son también las contradicciones, extremas, únicas y de casi no creer. Me pregunto si la falta de lo que vulgarmente se llama plata, dinero, puede llevar a tanta locura, desesperación y medidas que, aunque digan que no afectan al pueblo, lo hacen a todo nivel como una gran cascada que inunda de incertidumbre y desesperación. Se acabó la época de los bailes del petróleo que ya el mundo se ha puesto patas arriba y me refiero a nuestros límites de país, aunque más allá, en el continente, las cosas no es que estén mejor.

Llegan las salvaguardas encareciendo todo pues, al parecer, nunca pensaron que así mismo va desde el tope hasta lo más bajo. Así, si se encarecen las llantas, el transporte también y, por lo tanto, la logística de los productos, tanto nacionales como extranjeros. Estos últimos supercaros, hasta que llegan al consumidor final, sin importar su estrato social. Esto no lo pienso como economista porque no lo soy. Soy una ciudadana más que escucha el impacto que causa en las personas de todos los niveles económicos que converso. ¡Qué contradicción!

Lo llamo contradicción para no llamarlo un vil engaño populista que, con un almuerzo, convence a unos cuantos de no marchar, mientras el resto, que no ha sido invitado a tales agasajos que se pagan, baratos o no, con los impuestos de los propios ciudadanos, aquellos que al marchar, buscan una reflexión y un posible cambio.

A algunos productos se los marca con un porcentaje más alto, a otros con menos, pero, ¿cómo puede adelantar el país si todo lo que produce se ha vuelto más caro? Para comenzar una industria se necesita una computadora, celulares, que, vale la pena mencionar, los usan todos, jóvenes, adultos, estudiantes, empresarios, amas de casa, católicos, judíos, ateos, blancos, afroecuatorianos, indígenas, ¡todos! Se necesita de transporte, los vehículos importados están marcados, las llantas, repuestos, algunas materias primas que no se producen en el país y más.

Entonces, ¿cómo crear nueva producción?¿Nuevos productos? La medida al revés, pues claramente se nota que no son artículos de lujo sino primordiales para el consumo de todos. Frutas y otros alimentos se han encarecido porque son importados, pero, ¿y aquellos que son producidos localmente? Se encareció lo básico, desde los tillos, tapas y otros, la base de algunos de ellos, incluyendo conservas, cuidado capilar y muchos más. A esto lo llaman matriz productiva planificada… ¡Qué contradicción!
¿Será que todavía el pueblo, el benevolente pueblo, el “todos y todas”, todavía cree tanta cosa confusa que le dicen?¿Será que hay que esperar que se caiga la economía, el sistema productivo y crezca la pobreza para entrar en razón? El populismo ya no está de moda, la falta de libertad de expresión es una movida en contra de todos y todas.

Un funcionario público de alto nivel dijo que la mujer debe ir a la universidad y retrasar su actividad sexual. En un país laico el Plan Familia es prácticamente un insulto para la mujer. Ese plan está dirigido por una mujer cuyas creencias provienen de uno de los más extremos grupos religiosos.