Jorge G. León Trujillo

Más política, menos sociedad

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18 de November de 2013 00:01

'Hay al menos dos padres de familia en cada aula que venden droga", me dice el director de escuela en un suburbio guayaquileño. Habló con los narco-expendedores para que "al menos" no den droga a los niños. Pero la meta, como en Colombia, es crear así consumidores, demanda y personas sometidas al sistema narco .

El futuro es triste, si no se frena de raíz esta dinámica. Reforzar los nexos entre las personas es un buen antídoto; otra sociedad, otro orden o poder. Es imperiosa la necesidad de construir sociedad, un orden social favorable a la convivencia.

Zonas enteras están hechas de personas que vienen de todas partes; una aglomeración de desarraigados. Es en el nuevo espacio de asentamiento que construyen nexos con los demás y lentamente crean identidad y pertenencia con el nuevo terruño y vecindad. Es de hecho la construcción de una nueva sociedad. Podría ser una oportunidad única para crear una sociedad de convivencia, diferente a que el vecino sea una amenaza, base para la desconfianza e inseguridad, el terreno propicio para cualquier delincuencia.

Los traficantes de tierra hicieron y deshicieron estos asentamientos, impusieron su orden útil para enriquecerlos. Las cooperativas también hicieron su orden y no raramente bajo control de los traficantes avezados en controlar tierras y personas. Gracias al esfuerzo de los nuevos habitantes, a medida que el poder local y nacional les apoyan, se han desecho de los hacedores del orden autoritario y delincuencial que extrae dinero de personas que no terminan de pagar una tierra invadida, ni de tener el papel que la legalice. Esta era el poder. Luego, la organización local o algún cacique local disputará este orden. Y, ahora, me decía un lugareño: "Nosotros pasamos de los traficantes al Gobierno, aunque por un rato fue el Municipio, pero como no éramos legales no podía hacer nada, llegó Correa. Ahora seguimos lo que diga el Gobierno" .

Pero el Gobierno no tiene proyecto de sociedad, está más preocupado en tener apoyo electoral o de movilización para su gestión. Incrementa este apoyo a través de las políticas sociales. La organización que se forma ad-hoc para estos dos fines, no define proyecto de sociedad. Si bien mejora las condiciones de vida, ayuda a la inclusión social, no da lugar a reforzar sociedad. Crea, sí, un nuevo sistema de poder, reemplaza a los anteriores con esta dinámica clientelar: "Te doy esto, vota por mí", "Yo te doy más que el otro y yo soy parte de ustedes", más votos y adhesión al nuevo poder.

Esto es diferente de responder a la indispensable necesidad de crear identidad, pertenencia y convivencia por la acción propia de las personas y así tener la base de la nueva sociedad. Qué triste, qué desperdicio de tanta legitimidad, recursos y predisposición de la gente ante la urgencia de ser algo más que clientelas políticas. Es pues un proyecto de política sin ciudadanía.