María Cárdenas R.

¡Un dolor de cabeza!

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El no tránsito fluido es una herencia del no Alcalde que aún no se logra solucionar. Dirán que hizo obras maravillosas que recién ahora se inauguran y que gracias a él tenemos esta ciudad que antes no existió y ya no existe porque él no está; lo cierto es que ninguna de las obras que se están inaugurando son enteramente de esa administración y las que sí son solo de él son un dolor de cabeza. La verdad es que laten las sienes por las molestias que producen las herencias de la antigua administración.

¿El mejor ejemplo? Un cuerpo de agentes metropolitanos con poca capacitación para dirigir el enfurecido río de autos de Quito. A veces, por cumplir con fechas topes o peor aún con promesas políticas que regalan votos, se logra dañar toda una urbe y, en vez de modernizarse, retrocede. Este actual Gobierno, heredero inocente del desastre, ha puesto a la cabeza de la Secretaría que deberá tomar medidas al respecto, a un hombre de amplia experiencia quien tendrá que solucionar este mal recibido que no enriquece, sino empobrece a una ciudad en su circulación y por lo tanto en el tiempo que pierden los quiteños que, sin duda, vale oro. No culpo a los agentes, pues la culpable es la pobre capacitación inicial, de quien mucho hizo a medias y nada perfecto, aunque lo alaben como un santo. Es verdad que tanto los agentes de tránsito como los conductores y peatones deben, obligatoriamente, cumplir la ley. Los responsables somos todos. Pero si quienes dirigen el tránsito no saben lo que hacen o lo hacen con susto o peor aún se entretienen en otros menesteres como chatear en el teléfono en las esquinas a la vista de todos, ¿qué respeto esperan?

Los agentes metropolitanos de Tránsito causaron sorpresa y curiosidad en un inicio, eran supuestamente un cambio bienvenido a una Policía Nacional que estaba corroída por sus males autoinfligidos. Esa gustosa recepción inicial, aunque el uniforme no gustó desde un inicio, se convirtió, poco a poco, en una falta de respeto total por parte de los conductores y hoy, ese irrespeto es ya un simple quemeimportismo, y es que ellos lo han promovido. Pitan hasta el cansancio, afectando el ambiente, corren en motos y camionetas con luces intermitentes, como árboles de Navidad. Lo mejor de todo es que con sus espadas al estilo de la Guerra de las Galaxias hacen lo mismito que los semáforos y hacen líos tremendos así y todo.

La tranquilidad que tengo es que los funcionarios actuales, como Juan Zapata, harán lo necesario y responsable para que los agentes sean respetados, no porque es obligatorio, sino que, con su actitud y eficiencia en la administración de los vehículos sus conductores y sí, ¡los peatones también! De esto último se olvidan todos. Ellos tienen obligaciones serias, como caminar por los cruces peatonales, no caminar por la mitad de la calle y, sobre todo, comenzar una cultura de que sus hijos aprendan de ellos.

En fin, parece que esta es una incansable repetición, pero ya estamos cansados, también los usuarios de las calles de Quito, de semejante herencia para incómoda.