Carlos Alberto Montaner

María Corina y sus carceleros

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María Corina Machado fue acusada de intento de magnicidio y golpe de Estado. Las “pruebas”: correos por Internet fabricados por la policía de Nicolás Maduro. Google corroboró el burdo fraude.

¿Y qué? El chavismo ni siquiera se excusa. Como en 1984, la novela de Orwell, un Ministerio de la Verdad reescribe la historia.
Esta manipulación comenzó con el golpe militar de 1992. Hugo Chávez se convirtió en héroe y Carlos Andrés en delincuente.
No hay límite. ¿No afirmó Chávez que el terremoto que destruyó a Haití lo causó un arma secreta del Pentágono para apoderarse del país?

En Venezuela no hay aspirinas porque la burguesía acapara las pastillas. No hay alimentos porque el pueblo come más que nunca. La esencia del totalitarismo es esa: regímenes que se apoderan de la verdad y le retuercen el pescuezo. Fabrican una historia y el que la desmienta es un contrarrevolucionario de la CIA y se le persigue por los tribunales de (in)justicia.

Aunque formalmente Venezuela es una democracia liberal, con libertades, separación de poderes y elecciones, según la Constitución promulgada en 1999 a bombo y platillo, en realidad es una dictadura corrupta controlada desde Cuba por dos ancianos decididos a extraerle hasta la última gota de sangre a su colonia petrolera.

¿Por qué la tosca maniobra contra María Corina? Porque el chavismo pretende generar terror y aplastar a cualquiera capaz de unir al pueblo. Por eso, en su momento, Henrique Capriles fue al calabozo y luego Leopoldo López, Daniel Ceballos, Enzo Scarano ydestá en el exilio Manuel Rosales.

Pero igualmente culpables son sus cómplices. ¿Ignoran José Mujica o Dilma Rousseff la inmunda alcantarilla en que el chavismo ha convertido a Venezuela? ¿No siente Cristina Kirchner ningún escrúpulo por las maletas de dinero robado a los venezolanos recibidas para sus maniobras electorales?

¿No le importa a Mariano Rajoy, como tampoco a su antecesor Rodríguez Zapatero, vender armas españolas a generales acusados de narcotráfico, conociendo que las utilizarán para reprimir al pueblo?

¿Creen los empresarios europeos, latinoamericanos, estadounidenses, chinos y rusos tener una patente de corso moral para hacer negocios turbios con el Régimen venezolano sin que sus crímenes los salpiquen?

¿No sienten los comunistas españoles de Podemos –Iglesias y Monedero– cargos de conciencia por haber colaborado con esa crápula durante ocho años y haberles cobrado 5 millones de dólares?

Cuando uno se mete en la cama con la mafia o con la casta uno es responsable, en algún grado, de lo que hacen la mafia o la casta.

La lista de los cómplices es larga, pero es bueno que quienes figuran en ella adviertan que los venezolanos presos, perseguidos o exiliados saben que el viejo dictum español es cierto: “tan culpable es quien mata la vaca como quien le amarra la pata”.

Los cómplices forman parte de los carceleros. También son culpables.