Enrique Ayala Mora

Las marchas

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30 de March de 2012 00:01

Siempre es bueno que la gente se exprese. Y sobre todo lo es cuando hay temas de fondo de por medio. Eso sucedió la semana anterior, aunque a ratos los medios y el Gobierno se empeñaron en dejar de lado las motivaciones básicas de las movilizaciones para centrarse en una discusión irreal respecto de si se trataba de maniobras golpistas o electorales.

El martes 22 de marzo, un conjunto de organizaciones campesinas, entre ellas la Fenocin, realizaron un acto de entrega de un proyecto de Ley de tierras en la Asamblea Nacional. Se trata de una propuesta que se venía discutiendo en las organizaciones de base y se presentó con el respaldo de más de 30 000 firmas, de modo que podrá tramitarse en la legislatura como iniciativa ciudadana. De esta forma se garantizará una voz propia en la definición de este asunto, tan serio como relegado por años.

Por desgracia, el hecho pasó inadvertido, o peor, se la vio como una mera acción de respaldo al Gobierno, en medio de un enorme aparato montado la semana anterior. Es una lástima que los dirigentes sociales no hayan hecho un esfuerzo para que sus demandas se distingan de movidas coyunturales del Gobierno.

El jueves 22 llegó a Quito la marcha indígena que demandaba al régimen una postura sobre el agua y expresaba el rechazo a los proyectos mineros que amenazan con depredar el país, especialmente zonas que merecen especial cuidado ambiental. El acto fue pacífico y masivo. Desde luego que no era un intento golpista, como afirmaron fuentes oficiales, aunque sí se expresaron allí intereses electorales.

Esta movilización despertó interés en la ciudadanía y recibió, como merecía, una gran cobertura de los medios, aunque muchos cayeron en la tentación de hacer de ella una suerte de test sobre la popularidad del Gobierno.

De una manera u otra, la semana anterior se habló más de la coyuntura que de cuestiones de fondo. Pero el hecho es que las organizaciones sociales han dejado planteados temas fundamentales que el gobierno tiene pendientes: redistribución de tierras, políticas sobre agua y rechazo a la minería depredadora. Todos ellos tienen que ver con la vida de la sociedad en su conjunto.

Y la verdad es que el oficialismo está en deuda con el país, especialmente con los campesinos, respecto de reformas ofrecidas desde 2006, que ni siquiera empiezan a cumplirse. El propio Presidente de la República ha aceptado, una y otra vez, que esa deuda existe y que la va a cumplir en el futuro. Ese futuro, desde luego, es un próximo período. Pero eso quiere decir veremos, ya que en año electoral esos temas sensibles simplemente no se tocan. Es tiempo de marketing, de ofertas light, de grandes movilizaciones con plata pública. No son oportunidad de enfrentar temas, que precisamente porque son de fondo, tienen sus enemigos en los medios del poder.