Jorge León

Marcha visible, protesta invisible

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jleon@elcomercio.org

No hubo protesta en las calles de Quito. “Fue un fracaso” según la noticia gubernamental en pleno partido de fútbol. El Telégrafo publicó una foto de la marcha de la parte final con los médicos; falso no es, verdadero tampoco. Se le va la mano al Estado de Propaganda. Negar a ese punto los hechos para imponer su “verdad” le llevará a reforzar el cinismo.

A la sociedad y al Gobierno les conviene mejor reconocer los hechos. En Quito hubo 105 minutos de marcha compacta y rápida, cuando la cola estaba en El Ejido la cabeza ya entró a destino ¿más gente o igual que en la gubernamental de Guayaquil?La protesta no define quién gana electoralmente, más bien se silencia en las elecciones. En cambio, la protesta pone sobre el tapete temas a tratar, límites a ciertas decisiones a considerar, expresa lo que la sociedad vive al día, aspiraciones y conflictos.

La marcha del FUT fue algo similar a la de septiembre, pero su sola realización, en el país, es un éxito, por los impedimentos gubernamentales y de la propaganda sistemática en su contra. No podían, desde la víspera, llegar a Quito buses con gente que iba a la marcha, hubo prohibición a funcionarios y a sindicatos de empresas públicas de ir a la marcha, lo que puede explicar su menor participación. El Gobierno hace todo para construir la indignación que es el mejor cemento para consolidar la protesta. “Esta marcha no es pagada, es gente organizada” se coreaba.
Participaron menos sindicatos, en cambio, llegaron más organizaciones sociales.

En la marcha gubernamental todo está centrado en el escenario para que el Gobierno diga su “verdad”. En la marcha del FUT el escenario clave es el desordenado y sin control que está en las calles, es un ritual social en que cada cual con su presencia, consignas, afiches y discursos expresa su “verdad”; un contraste con el escenario del poder, con la TV, radios y una muchedumbre que sigue al unísono los discursos.

La marcha de Quito mostró que se incrementan los conflictos y las “causas” de rechazo al Gobierno, crece la presencia de clases medias en la protesta, no necesariamente con conflictos propios como el de los médicos y profesores, sino por indignación ante las actitudes gubernamentales. Las amenazas y coerción gubernamental no son el freno que fue.

Ello a pesar del hecho que las propuestas gubernamentales, anunciadas en Guayaquil, son varias aceptadas y buscadas por el FUT. Pero en el fondo el Gobierno no respondía a lo fundamental del problema que es el fin del sindicalismo público, las amenazas de hecho a la contratación colectiva que incrementan desprotección del trabajador. Mientras sigue intacta la propuesta de enmienda, el Gobierno ha propuesto cambios para los sectores que no están en relación de dependencia laboral. Desregulación vs. Estado de Bienestar .

De hecho el Gobierno tiene una papa caliente que no sabe cómo manejar y quiere camuflarla: la desregulación de las relaciones laborales.