Marcelo Ortiz

¿Las sabatinas agonizan?

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Ahora, en casi la mitad del 2016 y con una aguda crisis en las arcas fiscales, están en discusión las sabatinas, que fueron complemento del populismo correísta y, sobre todo, descargo psicológico del poder absoluto, por varias horas, al estilo de los discursos de Castro en Cuba o de Chávez en Venezuela.

No cumplen ya la misión informativa con la que surgieron hace más de nueve años; esto es, cuando eran imprescindibles para el Presidente de la República.

Eran parte sustancial de un rubro presupuestario para levantar distintos escenarios en cualquier ciudad del país, y equivalían a ser “informes semanales” de las acciones de gobierno. Al cumplir casi una década, están evidentemente desgastadas por efecto del tiempo, y sobre todo, por constituirse en monólogos, ante la asistencia de ecuatorianos “feligreses”, que expresaban con euforia y aplausos las realizaciones, y los proyectos inmediatos o de mediano plazo.

Felizmente, para el núcleo presidencial que se ha formado en dicho entorno, todavía seguirán disfrutando de 48 semanas que faltan para que concluya el período más largo, que líder alguno haya cubierto como Presidente de la República.

El desplazamiento de más o menos un millar de personas a cualquier lugar del país, que incluía también a las Islas Galápagos, ahora se ha reducido a 600. Así al menos se anunció para el próximo enlace que inicialmente se había programado en Manabí “con un gabinete itinerante que movilizará aproximadamente a 600 personas a las que se les ofrecerá una cena fraternal financiada por los ministros”, como nunca antes lo habrán hecho. El enlace desde Manabí, sin embargo, se canceló por las fuertes réplicas del terremoto.

En cuanto al costo actual, que se anuncia es de apenas 30 000 dólares, nos permite calcular que en los nueve años transcurridos de bonanza fiscal para gastar sin límite alguno, fácilmente habrá sido cuatro veces más, esto es 120 000 dólares cada semana, multiplicados por 475 enlaces ciudadanos se habrían gastado decenas de millones.

Ante estas realidades del costo de “las sabatinas”, y como justificativo piadoso de la crisis fiscal, se anuncia desde el poder absoluto presidencial, que “ya no se financiarán con recursos públicos sino con donaciones del sector privado, el trabajo de jóvenes y los aportes de los militantes del Alianza País”, y para relievar que la última sabatina de 10-11 de mayo ya no tuvo costo alguno, se afirmó que fue grabada un día antes en el Salón Amarillo del Palacio de Carondelet, con la asistencia de ministros y funcionarios públicos.

En ese acto, el Presidente dijo:”Estoy convencido que sin los enlaces sabatinos no estaríamos aquí”, y ya debió dar los nombres de las entidades y/o personas que financiarán los próximas enlaces.