28 de March de 2010 00:00

Marca Chávez

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Jorge Ribadeneira A.

Es, por supuesto, uno de los personajes de la época, que gusta mucho a unos y disgusta profundamente a otros. Aplaudido, votado, criticado, impugnado. Humanista o autoritario, según las diversas visiones. Dueño de la marca Chávez y, por consiguiente, de la patente del socialismo del siglo 21, el coronel Hugo estuvo por séptima vez en Quito, tarareando en dúo “la espada de Bolívar”, revisando las decenas de convenios firmados con el Ecuador, en su mayor parte con su colega y amigazo Rafael Correa, analizando los porcentajes que se han cumplido –sin incluir la Refinería del Pacífico- y firmando otros.

La marca Chávez –para quienes tienen dudas- incluye, entre otras cosas: urnas y más urnas, Constituyente y nueva Constitución, cadenas radiales de hasta seis horas (o el 50%), reelección, Alba, poder ciudadano, Cuba e Irán sí, gringos y paisas no, periodistas a la capacha, misiones y subsidios, etc.

Los comentarios y las noticias actuales sobre el gran país campeón del oro negro y su jefe son intrigantes y terminan mereciendo una pregunta. ¿Qué viene en septiembre? ¿Y en el futuro?

En septiembre los venezolanos volverán a las urnas para elecciones legislativas. Esas urnas guardan la historia de sus triunfos y ascensos y siempre fueron fieles al Coronel que comenzó con un golpe y luego confió en ellas. Siempre menos una vez, en diciembre del 2007. A las votaciones ya no llega, pues, invicto pero sí acompañado de un gran aparato electoral, de fe y audacia y de innegables habilidades personales. Con un problema. La millonaria Venezuela afronta problemas económicos.¿Cómo así semejante contrasentido? Los analistas y los chismosos cuentan que allá por los años 2007 y 2008 el país de Chávez llegó a la cumbre de su bonanza gracias al gran incremento de los precios del petróleo. Los ingresos sumaron trillones, suscitando el entusiasmo del Jefe y dando paso al emotivo reparto de odiados dólares. Pero el oro negro es traicionero y –cuando más feliz firmaba nuevos convenios y compraba otros aviones- bajaron los precios y comenzaron los tiempos duros.

Se fue limitando la generosidad y quedaron puestas muchas primeras piedras. Ahora faltan la luz, el gas, los alimentos. El presupuesto ya no alcanza ni para los dos millones de burócratas.

El panorama económico no está, pues, bueno pero el político brinda algunos consuelos al Coronel. Uno de ellos, que los partidos de antaño –corruptos casi sin excepción- no levantan cabeza.

Otro, que no aparece el candidato fortacho capaz de presentarle batalla, aunque no faltan los jóvenes que le encandilan de las iras con sus manifestaciones.

Se advierte a la distancia que cada vez está más complicado el sueño del poder indefinido. Sumando y restando todo, Chávez se marchó dejándonos curiosos por el futuro, aunque las encuestas juran que ni él ni su marca son tan invencibles como parecían.

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