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Lo que hace el INEC con los datos de empleo y desempleo no es maquillaje. El maquillaje es hacer algo para disimular que una cosa es fea.

Pero si a esa cosa se la altera genéticamente antes de que nazca, para que no se note que es feíta, eso no es maquillaje, es algo mucho más avanzado. Y eso pasa con los datos de empleo: nacen pre-maquillados, nacen disimulando su fealdad. Ni siquiera hay que adaptarlos para que la disimulen.Según las cifras no maquilladas (pero sí genéticamente modificadas) del INEC, el desempleo en septiembre fue de 5,2% de la población económicamente activa (PEA). Esa es una cifra simplemente espectacular; una cifra que haría palidecer de envidia a economías tan sólidas como la francesa, que todavía no acaba de salir de la crisis y que tiene un desempleo de casi 10%; una cifra que está sólo muy levemente por encima de los Estados Unidos e Inglaterra (4,9% en ambos casos), los países que más se han recuperado de la crisis.

Pero el dato del Ecuador está correctamente calculado. Claro que es importante ver las definiciones que se usa en su cálculo porque, por ejemplo, entre las “categorías de empleo” existen cosas como el “empleo no remunerado”. Para septiembre de este año, el INEC registra entre los empleados a 834.147 personas que no tienen una remuneración y que equivalen al 10,4% de la PEA.

Seguro que hay alguna definición de algún organismo internacional que dice que ese “empleo no remunerado” no es lo mismo que el desempleo, seguro que hay alguna ONG que insiste que trabajar sin que le paguen es igual de digno que hacerlo cuando le pagan. Seguro que no es necesario maquillar las cifras porque es mejor producirlas de tal manera que enseñen una realidad embellecida.

Esa realidad menos feíta consiste en que si una persona pierde su trabajo (remunerado) y pasa a dedicarse a quehaceres domésticos en su hogar, no es un desempleado, sino un empleado sin remuneración.

Y luego está toda la historia del empleo “no adecuado” (el subempleo, precario, informal, mal pagado, etc.) que en nuestro país tiene un enorme impacto porque los ecuatorianos no somos vagos. En serio, el hecho de no ser vagos afecta a las estadísticas porque cuando alguien se queda sin trabajo, aunque sea, se pone a vender juguitos en la esquina. Y las estadísticas del INEC lo clasifican como empleado (informal, pero empleado al fin) y, por lo tanto, no aumenta el desempleo.

Por eso es que los desempleados, entre septiembre 2014 y septiembre 2016, “sólo” crecieron en 140 mil personas. El problema es que en estos mismos dos años, el empleo no adecuado aumentó en más de 1’000.000 de personas, mientras que el adecuado cayó en más de 250.000.

No, el INEC no maquilla las cifras. No necesita hacerlo.

@VicenteAlbornoz