Manuel Terán

Disputas

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Nada más normal en las relaciones humanas que las desavenencias o diferencias de criterio cuando una opinión emanada por un grupo, o un individuo en particular, choca con un distinto punto de vista que a ojos de los otros lo considera errado, desatinado y fuera de cualquier contexto. Pero cuando estas discrepancias se producen entre aparentemente iguales, lo que sale a flote es que la disputa no es otra sino por intereses concretos, materiales, tangibles, medibles que poco a poco se perciben en toda su magnitud. Las alabanzas mutuas, los discursos de despedida, los lamentos por las ausencias de manera temprana se vuelven etéreos. Lo que les queda es voltear a ver quién es el que ahora reparte el naipe, para intentar permanecer o entrar en el juego. Un poco de ello es lo que hemos visto en los últimos días, cuando en el grupo político con mayor presencia en la Asamblea se ha empezado a hablar de quienes se inclinan por uno u otro bando, cómo se alinean, si con el discurso conciliador, aun cuando sea para las cámaras porque hasta el momento solo hay cambios cosméticos, o se permanece en la verborrea beligerante en la que el ahora ausente era toda una eminencia. Sin duda, que se baje el tono de la confrontación siempre es reconfortante pero no basta, puesto que los problemas esenciales están allí latentes e intactos a la espera de que exista la decisión de enfrentarlos.

En el corto plazo se juega el futuro inmediato del país. Si se piensa en un período de gobierno de cuatro años, ese tiempo tomará apenas para retornar a un mínimo equilibrio de la estructura institucional y económica, si se realiza una gestión apropiada. Para que los ciudadanos, sin sobresaltos, puedan recuperar la confianza en el país y no lo perciban como un estado fallido que, sin brindar servicios, absorbe todos los recursos a través de pesadas cargas impositivas que únicamente alimentan una estructura burocrática paquidérmica e ineficiente.

Si no se toman pronto las decisiones que tracen el propósito de enmendar tanto desbarajuste heredado, el tiempo no alcanzará para volver a poner las bases de un país que crezca de manera sostenida, sin depender de la incertidumbre del precio de su principal producto de exportación.

Las diferencias pueden continuar entre quienes permanecen como acomodados burócratas, pero es indispensable imprimir un giro de timón que en la esencia determine un rumbo a seguir, evitando el descalabro a la vista de continuar por la senda elegida equivocadamente por la anterior administración.

Que se retiren y despidan con comparsa incluida es propio de la vocación de algunos por refundar otro Macondo. Si bien retrata a una parte del país de cuerpo entero, no hay duda que existe otra que hace todo lo posible por convertir a este territorio en un espacio de oportunidades para todos sus habitantes, no sólo para aquellos que por las razones que fueren tuvieron el privilegio de obtener una buena educación. Razón suficiente para seguir bregando en una lucha que, a veces, luce perdida.