María Cardenas

Mantengamos la esperanza

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mcardenas@elcomercio.org

Épocas festivas, renovación y paz. No olvidaremos el obligatorio repaso del año que termina. Cuestionaremos o felicitaremos lo logrado; quizá nos culparemos por lo inalcanzado, midiendo nuestras expectativas contra la realidad bajo un sistema de medición que no perdona. Sin duda, nuestros sueños no se cumplen en su totalidad…

Una Navidad algo silenciosa, apagada, menos brillante, rodeada de palpable preocupación y una cuidadosa expectativa para el 2016. ¿Lo bueno? Según los informes y encuestas provenientes de un sector, vivimos en el paraíso. Uno tan único que creen que no distinguimos claramente entre lo falso y lo que algunos viven como su verdad, mientras confunden sin miedo a los menos informados con su cara y tan bien producida propaganda.
 
En el árbol cuelgan millones de letras en cientos de hojas de papel periódico, los tuits, memes y demás flotan a su alrededor, las imágenes de televisión en las ramas junto a los mensajes de las conexiones de Facebook, destellos inquietantes. Es marketing, propaganda. Debajo, verdades y mentiras empaquetadas en forma de bono regalón por un San Nicolás, medio gordo, más arrugado y con menos pelo que el año pasado porque se le vació hasta la chauchera.

Descansaremos como anoche en un ambiente de cuerpos reales, abrazos, sonrisas y frases bien intencionadas, voces con tonalidad, chistes, cánticos y felicidad general. Por unas horas, lejos queda la visión del paraíso imaginario que no admite una crisis, la dificultad económica y la imagen del prospecto del 2016. Los celulares y sus aplicaciones quedarán bien ocultos y en silencio para no destruir estos momentos ante información que confunde y nos hace dudar de nuestra inteligencia y capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, lo falso y lo verdadero, protegidos por una cúpula de cristal que durará intacta por una semana hasta que comience el primer día laboral del año.
 
El barbón quedará relegado en nuestra imaginación mientras, silencioso, nosotros distraídos, buscará maquiavélico el siguiente paquetón. Aparecerán los tradicionales años viejos con los cuales quemaremos esperanzados todo aquello que no nos gustó este año, ¡ojo!, prohibido quemar borregos, porque se nos romperá el paraíso cristalino.

Olvidemos todo unos días, armémonos de fuerza, creatividad y paciencia, manteniendo la esperanza.

Brindemos por el bienestar familiar. Roguemos por la unidad de los políticos; que se contagien de sensatez y dejen sus vanidades de lado para buscar la prosperidad de un país y permitir, al fin, la victoria del pueblo luego de lecciones aprendidas de cercanas latitudes. Al final no todos los sueños se pueden cumplir.
 
Feliz aroma a ciprés y pino, luces y brindis, rica comida y frases de esperanza. No olviden las maletas para reconocer nuestro hermoso Ecuador y, a medianoche, 12 uvas, a prueba la tradición y ver si logramos liquidez para, con conciencia, sobrevivir y buscar, ante todo, la unidad, un solo país para encontrar un alejamiento de la imaginaria revolución.