23 de June de 2010 00:00

La maniobra

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Carlos Larreátegui

Aprovechando el fragor del Mundial de Fútbol y la calma de las vacaciones de la Sierra, la Presidencia de la Asamblea Nacional convocó sorpresivamente a una reunión del Pleno para tratar en segundo y definitivo debate el proyecto de Ley Orgánica de Educación Superior. Luego del estrepitoso fracaso experimentado en el manejo y debate de la Ley de Comunicación el oficialismo busca aprobar con éxito una nueva ley estratégica confiando en que su tratamiento no ahonde fisuras ni divisiones al interior del alicaído bloque parlamentario de Alianza País.

A pesar del anuncio súbito, las universidades organizaron ayer una movilización general para expresar su rechazo a la propuesta autoritaria e inconsulta de la Senplades, cuyo objetivo final es el control político del sistema universitario y la aplicación del pensamiento único en formas y contenidos. Toda ingeniería social, llámese fascista, comunista o socialista, aspira a controlar las ideas y el pensamiento de una sociedad y esta ley no sería la excepción. Los grandes fracasos históricos no disuaden al hombre de su arrogante pretensión de construir racionalmente una sociedad desde el poder y entubar el flujo de ideas. Triste constatar que esta alquimia perniciosa que tanto daño ha provocado a la humanidad pretende jugar ahora con el destino y bienestar de los ecuatorianos.

La Asamblea Nacional incurriría en un error sin nombre si inclina su cabeza ante los caprichos y novelerías de los técnicos -más bien, aprendices de brujo- de la Senplades. Creer que una simple votación parlamentaria puede otorgar legitimidad y permanencia a esta Ley es una ingenuidad que irrita y a la vez conmueve. Los legisladores deben estar conscientes de que una aprobación subrepticia y veloz de esta ley solo atizaría el conflicto social y paralizaría el sistema de educación superior por un tiempo indefinido. Muchos sectores universitarios están preparando una batalla de largo aliento apoyados en el derecho moral y constitucional que les asiste frente a una ley inicua y opresora. Por ello, la Asamblea debe rechazar las imposiciones humillantes de la Senplades y debatir un proyecto nutrido con ideas propias e inspirado en el bien común.

No es la primera vez que las universidades soportan el ataque encarnizado de un poder autoritario que concibe la autonomía y la libertad académica como un obstáculo a sus objetivos políticos. Populistas y dictadores de antaño pretendieron ahogar también las ideas y la rebeldía que bullen en las universidades. La represión del pasado, sin embargo, templó aún más el espíritu universitario y encendió una chispa que terminó propagándose en el resto del país. La presente batalla no será distinta. La Universidad ecuatoriana se encuentra férreamente unida y determinada como nunca a defender sus libertades y principios.

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