Dimitri Barreto P.

La lección de Manabí

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Recorrer Tarqui quiebra hasta al más indolente. Es el escenario de la oscuridad por la que miles sintieron la tierra moverse como el mar, entre edificios que se derrumbaban y vidas que se apagaban. La devastación en la llamada Zona Cero de Manta es irreparable, pero sus comerciantes aún son inclaudicables.

1 500 de ellos no esperaron respuesta burocrática, empeñada en sofocar las urgencias de damnificados en refugios y albergues por el terremoto del 16 de abril, y, antes de conocer qué pasará con el área destruida, levantaron tiendas, sin concreto ni puertas enrollables de acero como en Tarqui, sino con cañas, junto a la pista de automodelismo del malecón, para ofertar su ropa, queso, sal prieta y pescado, a la vista, en la ruta entre el aeropuerto y los hoteles 5 estrellas.

El de los manabitas no es un espíritu que se derrote. En Pedernales ya hay restaurantes abiertos, prueba tangible del “aquí estamos, nos quedamos”, escrito con tinta negra en la fachada del jardín de infantes Areli Lopez Pita, en la calle Eloy Alfaro, donde resalta: “Arriba Pedernales”, cerca de hombres que ya limpiaron escombros y de otros que levantan ladrillos junto a columnas firmes.

Sí, además de emprendedores, generosos como Rosa Elena Cedeño, quien lleva 20 días a la intemperie, con un colchón prestado por una familia de damnificados, entre plásticos, junto a 120 personas en la Avenida 102 y calle 110, en Manta. La mujer, que cuida lo que queda de su casa -aún por demoler frente a su carpa-, mueve una pared de cartón, permite ingresar a su covacha y ofrece agua,igual de anfitriona como las otras víctimas del desastre a lo largo de Manabí, que invitan a forasteros a compartir el arroz que se coce en olla comunal o la fruta que ha llegado con dificultad.

El espíritu de ese pueblo, sabio para afrontar marejadas, incendios y sismos, es ejemplar, da cuenta del poder de la sociedad civil como motor de país, una lección para todos. Tanto, que su positivismo se oferta como nuevo souvenir en el malecón de Murciélago, en camisetas de playa donde reza: ‘Fuerza manaba’.