5 de January de 2011 00:00

La maldición

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Carlos Larreátegui

Mientras la década que concluye será recordada como la época del auge de la izquierda populista y autoritaria latinoamericana, la década que comienza pasará a la historia como la etapa de su descalabro total. Hay signos inequívocos que anuncian la crisis terminal del modelo y el comienzo del fin de las dictaduras que lo encarnan. Como toda ingeniería social, estatismo, populismo y autoritarismo en la historia, el socialismo del siglo XXI empieza a desvelar su impostura, fracaso e inevitable final.

Confrontado a los hechos brutales de su economía y, al mejor estilo neoliberal, el Gobierno boliviano decretó el “gasolinazo” y, de inmediato, el “reculazo” con el que dio marcha atrás. Morales, con la prepotencia y soberbia muy propias de los populistas autoritarios de nuestro tiempo, sobrestimó su poderío y capacidad frente al grave problema fiscal acumulado por años de despilfarro e irresponsabilidad económica. A pesar de los desesperados argumentos de que el “reculazo” fue una expresión de sensibilidad de un gobierno que “oye la voz del pueblo”, la improvisación del Gobierno boliviano se hizo evidente y causó daños irreversibles. En Venezuela la situación es más grave y patética. Por segundo año consecutivo, el Producto Interno Bruto decreció y la moneda fue devaluada, profundizando el empobrecimiento inexorable de ese país digno de mejor suerte. Mientras tanto, la Cuba de Castro, modelo y fuente de inspiración de los socialismos del siglo XXI, enfrenta el peor momento de su historia y, en su desesperación, no encontró nada mejor que eliminar unos miserables subsidios al jabón, pasta dental y productos de aseo personal para corregir los desequilibrios.

La crisis económica de Venezuela y Bolivia es el resultado del populismo autoritario de sus gobiernos que ha pulverizado el estado de derecho y ha eliminado la iniciativa privada como fuente primaria de riqueza. El aniquilamiento de la producción nacional ha condenado a estos países a una dependencia total de las actividades estatales extractivas, a la distribución de rentas a clientelas políticas y a grupos económicos allegados y a la importación creciente de productos básicos. No es coincidencia que estas naciones registren los índices más débiles de crecimiento en el 2010 entre las naciones sudamericanas (junto a Ecuador, infelizmente). Si bien los regímenes de Morales y Chávez terminarán, más temprano que tarde, en la galería infamante de la historia, los daños sociales provocados dejarán su estela por lustros.

Es difícil entender que los pueblos puedan olvidar la historia y entreguen sus libertades y bienestar por los espejos que regalan sus caudillos. Parecería que la abundancia de recursos naturales y el dinero fácil nos condenan incesantemente a naufragar en la inestabilidad y el populismo.

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