Alfredo Negrete

Mala suerte de los verdes

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No es que los actuales integrantes de la bancada oficialista y mayoritaria en el parlamento ecuatoriano sean acreedores al reconocimiento de la sociedad; muy pocos, al respeto ciudadano y muy raro, compararlos con los antiguos legisladores que honraron a la función y a la patria. Pero, por justicia elemental, hay que reconocer que deben cargar con culpas ajenas como los errores constitucionales vigentes, las espantosas enmiendas del 2014 y la etapa de las “ovejas” convencidas de ser eternas, felices y repletas de toda clase de perdices.

De la última Carta Magna y otras, heredan la deformidad de que legisladores sean electos para un periodo continuo de cuatros años, sin la oxigenación de una elección a mitad del mandato. Añádase como agravante, la hipótesis de coincidir en convivencia con un régimen autoritario que tuvo cerrada la llave del recinto legislativo, gozando así con una amplia mayoría favorable a su credo religioso. En la actualidad, los males producidos caen sobre las ovejas antiguas disciplinadas y la actuales desconcertadas recién electas o reelectas en el 2017. Además, corren el riesgo de que el actual Ejecutivo, se declare independiente y utilice las llaves maestras como son la muerte cruzada o la convocatoria a una Constituyente, regresándolos a su casa.

El segundo grave daño que deben pagar nace de la constitución del 2008 cuando, en aras de la democracia participativa del socialismo del extinto Chávez, se creó el Consejo de Participación Ciudadana eliminando facultades implícitas a cualquier legislatura, como es el nombramiento de los titulares de los organismos de control, anulando sus facultades básicas de control y auditoría que hoy -con sagacidad y malicia- hasta pudieran ser también usadas por la primera función del poder, como es la Presidencia de la República. En materia de titulares de organismos de control en el Ecuador, el corazón es un gitano.

La tercera gran carga que deben soportar los asambleístas, sobre todo los correístas, consiste en arrastrar el fardo verde flex que históricamente ya cumplió su cometido, logrando la hegemonía del poder por diez años. Pero el tiempo pasó y nunca se consolidó como partido o movimiento estructurado como el peronismo. Solo se formaron en la idolatría al líder y eso a largo tiempo no funciona en el Ecuador, ni siquiera con Velasco Ibarra. La separación de la troika del gabinete morenista, de quienes fueron un pilar durante la década pasada, es el clarinete que avisa a la tropa sobre el repliegue de las banderas y la necesidad de ubicarse en refugios seguros. A pesar de la retirada deben ser gratos con la bancada de oposición que llegó a ser tan insulsa que, en el caso del Fiscal contra el Vicepresidente, no solo que no se les permitió debatir, sino que inclusive se quedaron sentados en el juicio más importante de lo va del siglo. Lo cortés no quita lo valiente; máxime de retirada .