4 de June de 2010 00:00

Mala labia

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Juan Esteban Guarderas

Juan Manuel Santos está a un pequeño paso de ser el próximo presidente de Colombia. Para que esto no ocurra su contendor tendrá que remontar una formidable ventaja de 25%, en un lapso corto , hasta el 20 de junio. La probabilidad de una próxima presidencia de Santos ha sido incluso aceptada por el bando de Antanas Mockus.

Si nos guiásemos por las últimas declaraciones de Santos, esto no estaría nada mal para Ecuador. Al contrario, podría hacernos ilusionar con la restauración de las añoradas relaciones diplomáticas.

Las palabras del presidenciable son conciliadoras, llaman a la esperanza y son pacificadoras. Dice que actuará con "diplomacia, prudencia y absoluto respeto" para restablecer las relaciones, y que “por el pueblo ecuatoriano tengo y tendré respeto, admiración y cariño”, y declara que apenas sea electo aspira a tener un diálogo con el presidente Correa. A propósito del problema de las FARC habla de coordinación entre los países, y acompañamiento internacional.

Es curioso, porque hasta hace poco esta misma persona parecía tener un discurso y una postura completamente distintos. Ha dejado de repetir su crítica sobre la “ineficacia de los militares ecuatorianos para perseguir a las FARC” (crítica que no era muy afortunada, pues en ese sentido son las fuerzas colombianas las más ineficaces); pero que sin embargo la inmortalizó en su libro. Ya no defiende a viva voz su tesis según la cual el bombardeo en Angostura fue “un acto de legítima defensa y una doctrina cada vez más aceptada por la comunidad y el derecho internacional". Y de golpe habla de diplomacia cuando sus declaraciones fueron tan negativas en los procesos diplomáticos entre Ecuador y Colombia que el propio Uribe tuvo que llamarle la atención en el 2009, exhortándole a que suspenda sus actos “que comprometen las políticas internacionales” y pidiéndole que deje al ministro de Relaciones Exteriores hacer su trabajo.

¿Qué pasó con Santos? ¿Se fue a un retiro espiritual al Tíbet, donde cambió de personalidad? ¿Se enamoró loca y perdidamente de una ecuatoriana? ¿Hizo el Eneagrama? No tenemos noticias de este estilo. Lo que ocurre es que está en campaña; esto sí puede explicar su cambio radical.

El objetivo de alcanzar la banda presidencial hace que los políticos frecuentemente deformen su discurso para que sea lo más ampliamente aceptado. Pero una cosa es ablandar el discurso por marketing electoral, y otra muy distinta es pretender ser alguien distinto. Mucho me temo que al ver los antecedentes de Santos, estemos ante el segundo caso.

No será una sorpresa si en un futuro cercano se desentiende de sus bonitas palabras, dejando a sus decepcionados seducidos la memoria de sus promesas y su mala labia.

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