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19 de September de 2013 00:01

Siempre nos vendieron las ideas de Bien y Mal como conceptos inamovibles, incuestionables. Quienes participamos de la cultura cristiana -casi todos en Ecuador- aprendimos a consumir estas ideas que se fueron connaturalizando con nosotros. Sin embargo, con el tiempo, la madurez y los gajes del oficio de historiadora, comprendí que todo concepto es un constructo humano, una construcción que se transforma, que se moldea, que es muy relativo. El Mal puede ser construido por un grupo religioso o político, como una efectiva herramienta para alertar a fieles y partidarios de la amenaza de ser disueltos o desacreditados, de perder poder. El Mal, o la idea del Mal, es un recurso extraordinario de control. Las sendas declaraciones de Obama sobre la existencia de un "Eje del mal" han funcionado de maravilla en términos de reposicionar a los Estados Unidos en una era de profunda crisis de poder. Todos quienes no estén en el Eje deben ser exterminados en nombre de la democracia y el bienestar mundiales.

Comprender el Mal y cómo se construye, es sumamente importante en los momentos actuales. Por ello derivo mis propias cavilaciones a un libro fascinante y extraordinariamente bien documentado: "La Idea del Mal en el siglo XIX latinoamericano" (Bs. As.,2009) del crítico literario ecuatoriano Esteban Ponce Ortiz. Se propone reflexionar sobre el mal moral en el contexto de los nacionalismos emergentes, remarca; del malentendido como pecado, como transgresión, como ruptura de la norma. Sus reflexiones parten de indagaciones previas como el perspectivismo de Nietzsche o el relativismo de Simmel, y lo hace seleccionando cuidadosamente textos de escritores latinoamericanos donde se expresa lo propuesto: Andrés Bello y Esteban Echeverría propulsores de una sociedad liberal y sus fallidos intentos por desacralizar nuestras sociedades; el colombiano José Eusebio Caro y Juan León Mera, propuestas que procuran la salvaguarda de la familia tradicional como el nicho de convivencia "sana" de la comunidad en el amplio sentido de la palabra; o el vuelo que suponen los escritos como los de Darío y Martí que van más allá del bien y el mal, el primero profundamente elevado en términos de una moderna renovación de la sociedad latinoamericana y en pos de la armónica humanidad. De todos modos, en todos estos escritores se descubre la base de una educación cristiana de la que algunos toman distancia y otros se repliegan en ella. Cada uno por razones de diversa índole.

El ojo escrutador de Ponce trae ejemplos esclarecedores sobre el tema, así como los autores consultados para la construcción del mismo. Y sin necesidad de ser una lectora especializada recorro en el fondo y más allá de la literatura, las bases filosóficas y teológicas que modelaron este nuevo continente liberado .